Por: Óscar Alarcón

MACROLINGOTES

HAY QUIENES ASEGURAN QUE EL poder es afrodisíaco. Y en Colombia hay más de un ejemplo.

El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, sí que lo que ha demostrado porque tiene a su bella esposa Carla Bruni, con quien se casó tan pronto llegó al poder, en estado de buena esperanza. La señora Cristina Fernández, la actual mandataria argentina, antes de que falleciera su marido, Néstor Kirchner, recomendó a sus compatriotas comer cerdo porque, dijo, eso era mejor que el viagra. No se ha podido establecer si fue por exceso de esa comida o por mucho poder –él era su más seguro sucesor—, que el  presidente murió muy joven.

Al también expresidente argentino, Carlos Menem, el sexo se le subió, tanto que al dejar el poder, luego de dos períodos, se le dio por casarse con la chilena Cecilia Bolocco. Tuvo un hijo con mucho esfuerzo, gracias a los modernos tratamientos de fertilidad y a la ayuda de Onán. ¡Es que a esa edad! El enlace terminó en desenlace, recientemente. Por algo el papá de la señora Bolocco se llama Paul.

Un caso extraño es el que ocurre con el actual presidente de Honduras, Álvaro Colom, quien acaba de anunciar el divorcio con su esposa Sandra Torres, pero, según se especula, la decisión lo que pretende es quitarle la inhabilidad a ella para que pueda aspirar a la Presidencia y así pueda reemplazarlo. Es la primera vez que Colom deja a la Niña y no exactamente para ir en búsqueda de la India. Esta es otra pareja  que tiene el poder como afrodisíaco.

Por algo al ex presidente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauus-Kahn, le pasó lo que le pasó en Nueva York, porque estaba en campaña para la Presidencia de Francia.

Es tan afrodisíaco el poder que algunos presidentes buscan repetir en el gobierno, para lograr la re-erección.

 

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