Por: Óscar Alarcón

Macrolingotes

Se ha recordado por estos días la censura en los tiempos de Franco en España, sobre todo a escritores colombianos.

En esos años las ‘escuchas’, como ellos llaman a nuestras criollas ‘chuzadas’, no estaban tan sofisticadas y los gendarmes del régimen acudían a la censura. Cuando García Márquez ganó el premio Esso de novela de 1961, el presidente del jurado, el padre Félix Restrepo, le pidió al escritor que le cambiara el título a la obra Este pueblo de mierda. Accedió el autor y le puso La mala hora, cuando la verdad era que el primero se acomodaba más al relato. Pero eso fue apenas un pecado venial para lo que vino después.

Cuando salió la novela publicada en España, un corrector franquista le hizo varios cambios. Por ejemplo, el acusativo del pronombre de primera persona ‘lo’ lo sustituyó por ‘le’, de tal manera que el alcalde resultó diciendo: “Si se mueve de donde está le quemo”. En otra parte el padre Ángel le dice a la mujer del juez Arcadio: “Así como vivís ahora, no solo estáis en una situación insegura, sino que constituís un mal ejemplo para el pueblo”. ¡Que tal esas frases en una calurosa región de nuestra costa, como García Márquez deseaba mostrar al personaje! ¡Qué tío, ese!

Todo lo anterior, y mucho más, dio pie para que el autor, en su momento, desautorizara esa edición y anotara cómo allí, en otro aparte, un chafarote de la provincia colombiana resultó convertido en un ilustre agente de la Guardia Civil Española. Sin embargo, yo no creo que el generalísimo Franco se hubiera entrometido a hacer esa clase de correcciones idiomáticas, pero bastaba un movimiento de pies, de mano o de ojo, para que los áulicos del poder entendieran el gesto.

Guillermo Cabrera Infante también se quejó porque su novela premio Seix Barral 1964, Tres tristes tigres, apareció con 22 correcciones. Por ejemplo, donde decía Academia Militar le quitaron Militar y donde aparecía ‘teta’ le pusieron ‘seno’, que es una palabra menos tentadora. Afortunadamente, don Juan Carlos fue el rey más barato de la historia del mundo. Sólo costó un Franco.

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