Por: Óscar Alarcón

MACROLINGOTES

Alberto Zalamea, quien acaba de fallecer, fue el único de los setenta y cuatro constituyentes que se abstuvo de estampar su firma en el acto de sanción de la Carta, como una actitud de protesta por a lo que allí se le estaba dando vida.

Con él y con Carlos Lleras de la Fuente, Álvaro Gómez tuvo el gesto de haberlos incluidos en la lista del Movimiento de Salvación Nacional a pesar de las malas relaciones que tuvieron los padres de ellos con su padre, Laureano Gómez. Con éste, Lleras Restrepo se enfrentó en muchas ocasiones y Jorge Zalamea, el padre de Alberto, tampoco compartió amistad y pensamiento, tanto que a él le dedicó El gran Burundú Burundá ha muerto. A pesar de esos antecedentes, a ambos los llevó Álvaro Gómez a la Constituyente.

Hizo Alberto Zalamea un papel protagónico de independencia en la Asamblea, trabajo que dejó consignado en su libro Diario de un constituyente. Como periodista dirigió varios medios de comunicación, entre otros Semana, Cromos y La Nueva Prensa. En este último tuvo el acierto de publicar, por entregas, uno de los mejores trabajos sobre nuestro país, Los grandes conflictos económicos y sociales de nuestra historia, de Indalecio Liévano Aguirre.

En la Asamblea Constituyente redactó Zalamea el parágrafo inicial del artículo 95 de la Constitución, quizá el más bello de todos y que, de pronto por esa razón, estuvo refundido, tanto que en la primera versión de la Carta no apareció: “La calidad de colombiano enaltece a todos los miembros de la comunidad nacional. Todos están en el deber de engrandecerla y dignificarla”.

Los computadores de la época, que desaparecieron varias normas, algunas de las cuales sobrevivieron después, no llegaron a imaginarse que esa Asamblea produjera tan bella oración y por eso debió rechazarla, como un virus. Era un cuerpo totalmente extraño. La USB para eso no estaba preparada. Fue uno de los tantos artículos víctimas del sistema.

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