Por: Óscar Alarcón

MACROLINGOTES

El tema de la suplencia presidencial, planteado por el presidente Santos, como el de la Cámara única, iniciativa del expresidente Uribe, han sido de eterna controversia entre nosotros. Ambos se debatieron en la Constituyente de 1991. En cuanto al primero, se optó por la Vicepresidencia, y en lo que tiene que ver con el segundo, se dejaron las dos Cámaras.

Desde la creación de la República se creó la Vicepresidencia, y por las disputas de Bolívar y Santander, se suprimió. Después se volvió a implantar, se quitó, se volvió a poner, luego hubo vicepresidentes y designados (al tiempo), después sólo designados y, finalmente, con los votos del M-19 y los liberales, y por una diferencia estrecha (podría decirse que se dirimió por penaltis) en la Constituyente del 91 se adoptó la Vicepresidencia.

La Cámara única fue propuesta en la Constituyente del M-19, por medio de uno de los más autorizados de sus representantes, el constitucionalista Álvaro Echeverri Uruburu. Aun cuando la mayoría de la Asamblea se inclinaba, aparentemente, por mantener las dos Cámaras, quien se hizo vocero de continuar con la tradición bicameral fue el expresidente Misael Pastrana Borrero, quien dijo que el régimen unicameral “lleva en sí mismo al despotismo y al peligro de la dictadura”.

¿Será por eso que la proponen?

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Precisión: no sé de dónde han sacado la especie de que a falta del presidente y del vicepresidente —¡Dios nos libre!— entra a ejercer el gobierno el presidente del Congreso —¡Dios también nos libre!—, cuando la Constitución es muy clara: asume un ministro, en el orden que establezca la ley (artículo 203 de la Constitución).

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