Por: Óscar Alarcón

MACROLINGOTES

Todas nuestras constituyentes se han desbordado.

El general Rafael Reyes cerró el Congreso y lo reemplazó por una que en sólo 47 días hizo de todo, desde acabar con el vicepresidente y los designados, hasta señalar que “el período presidencial en curso, y solamente mientras esté en cabeza del gobierno del señor general Reyes, durará una década que se contará desde el 1º de enero de 1905 hasta el 31 de diciembre de 1914”. Además se le otorgó al presidente la facultad de nombrar su sucesor por decreto, en caso de falta temporal. Y así lo hizo cuando se voló.

El presidente Laureano Gómez, por medio de su designado Roberto Urdaneta Arbeláez, convocó una constituyente que pretendía aprobar una Constitución calificada entonces de “fascista”, y en efecto lo era. Tan pronto se conoció el proyecto se precipitó el golpe de Estado que tumbó al gobierno y permitió que el 13 de junio de 1953 asumiera el general Gustavo Rojas Pinilla. Llama la atención que el representante Miguel Gómez sea hoy uno de los que propenden por una constituyente cuando la misma que convocó su abuelo, Laureano Gómez, fue la que declaró vacante el cargo de presidente para legitimar el gobierno de Rojas Pinilla, “por el resto del período presidencial en curso”.

La Constituyente de 1991 fue convocada para reformar la Constitución de 1886, no para derogarla, y además sus facultades estaban limitadas a los temas que previamente estableció un acuerdo político. Extralimitándose, hizo todo lo que quiso, hasta prohibir la extradición de nacionales, y además señaló expresamente que sus actos no eran susceptibles de revisión por ningún órgano jurisdiccional. Así que no vengan ahora con el cuento de que la constituyente que pretenden convocar será para ciertos temas. Serían capaces de cambiarle hasta el orden de los apellidos a uno de los senadores convocantes: dejaría de ser Vélez Uribe para llamarse Uribe Vélez.

Parodiando un viejo proverbio de nuestras abuelas, podría decirse: de las constituyentes líbrame Dios, que del Congreso me libro yo.

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