Por: Óscar Alarcón

MACROLINGOTES

Antes, cuando el presidente de la República viajaba al exterior, había ceremonia pomposa en el Salón Elíptico del Capitolio para posesionar al designado, con discurso suyo y del presidente del Congreso.

Por supuesto (y también por su puesto) le tomaban el juramento de rigor al hacerse cargo del poder. En la práctica quedaban dos presidentes: el titular, quien actuaba como tal en el exterior, y el encargado, quien se ocupaba de las cosas domésticas. Dos o tres días después, cuando retornaba el verdadero, todo volvía a su estado normal.


A esa parafernalia se le puso fin con una reforma constitucional en el gobierno de Alfonso López Michelsen, que se mantuvo en la actual Constitución, con la figura del ministro delegatario, a quien el presidente, mientras viaja al exterior, deja encargado de las cosas domésticas y el titular mantiene la plenitud de sus funciones. El designado antes y el vicepresidente ahora son para faltas absolutas o temporales del presidente, pero cuando no está ejerciendo.


Ahora, cuando se debaten las actitudes del vicepresidente Angelino Garzón, ¿se imaginan lo que habría pasado si el ministro delegatario no existiera? ¿Cuántas veces se habría posesionado para reemplazar, por un viaje al exterior, al presidente Santos? ¿Cuántos discursos habría tenido que pronunciar Armando Benedetti, como presidente del Senado? ¿Y cuántos Juan Manuel Corzo? Por lo menos a éste le habría faltado gasolina para hacer la apología de Angelino Garzón.


Angelino, con banda presidencial y con la banda del Señor Caído de Buga, habría organizado cada ocho días el besamanos en Palacio con sindicalistas y obreros de $190.000. Y, con seguridad, a Julio Roberto Gómez lo habría nombrado en el gabinete por dos días, hasta cuando regresara Santos. Y después nuevamente cuando Santos volviera a viajar, y así sucesivamente


Afortunadamente, con la institución del ministro delegatario, eso ya ha caído en des… USO. Y sólo se producen cortocircuitos que se han alargado.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Óscar Alarcón

“Ad hoc”: triste destino

La urraca y la paloma

Los primeros 100 días

El caso Arias

El sueldo de los congresistas