Por: Óscar Alarcón

MACROLINGOTES

Se cumplen hoy 65 años del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, tiempo más que suficiente para analizar con amplitud lo que era ese mito que, no cabe duda, habría sido presidente de la República.

Era petulante y despreciativo, según su panegirista Osorio Lizarazo. Quién sabe si hubiera sido un buen gobernante porque no le fue bien como alcalde de Bogotá y tampoco en los dos ministerios que ocupó: Educación y Trabajo, Higiene y Previsión Social. Fue breve en esos cargos y de todos salió por la puerta de atrás.

Fue a estudiar derecho penal en Italia cuando allá no había derecho porque quien mandaba era el duce Mussolini, de quien sí aprendió sus posturas oratorias. Además, según declaró José Vicente Concha mucho antes de su fallecimiento en 1918 (había sido nuestro embajador en el Vaticano), en esos años Enrico Ferri, su maestro, “estaba pasado de moda”, y “ninguno lo toma en serio como antes”.

Contribuyó a la caída del liberalismo, porque de no haber insistido en su candidatura el partido habría ganado, ya que la suya fue la tercera votación: Mariano Ospina Pérez obtuvo 565.939 votos; Gabriel Turbay, 441.199, y Gaitán, 358.957.

La víspera de su asesinato defendió, en una audiencia pública, al teniente Jesús María Cortés, quien había asesinado al destacado periodista caldense Eudoro Galarza Ossa, crimen que en su momento mereció el rechazo de la sociedad de Manizales que desfiló en gran número del centro al cementerio San Lorenzo. Fue un “falso positivo” de la época. Además, desde su columna “Danza de las Horas”, Calibán hizo una gran defensa del periodista asesinado y criticó fuertemente al teniente Cortés por su conducta delictiva. ¿Qué tal si el hecho hubiera ocurrido en estos tiempos? Unánimemente habrían rechazado ese atentado contra la libertad de prensa.

El vil asesinato de Gaitán, ocurrido hace 65 años, borró esos aspectos de su vida y lo convirtió en el mito que hoy se recuerda.

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