Por: Óscar Alarcón

Macrolingotes

El 25 de enero de 1983, al presidente Belisario Betancur se le practicó una operación de apendicitis con una anestesia general.

Todo se hizo dentro del mayor sigilo, y el país sólo se enteró del hecho a las tres de la tarde, cuando el trabajo quirúrgico había concluido satisfactoriamente. Entonces, este columnista sostuvo que debió llamarse al designado, Álvaro Gómez Hurtado, para que se hiciera cargo del poder, por cuanto con una anestesia general a la persona se la priva de su sensibilidad en todo el cuerpo. Esto es muy distinto de cuando se duerme, momento en el cual los sentidos están inactivos o en suspenso, pero la sensibilidad no se pierde y la persona está predispuesta a reaccionar (El Espectador, 31-01-83).

Con el presidente Santos la situación fue distinta, por cuanto la anestesia no fue general, no por una decisión militar, sino por prescripción médica. Pero por una extraña circunstancia, la novedad del primer mandatario dio para que se hablara, no de su salud, sino de la del vicepresidente, por la eventualidad de que pudiera asumir el poder por la discapacidad en que se encuentra.

Está claro que la figura del vicepresidente quedó muy mal concebida en la Constitución. Tiene muchas incongruencias. No se entiende, por ejemplo, que la Carta exija que para cumplir funciones presidenciales el ministro delegatario debe pertenecer “al mismo partido o movimiento político del presidente”. A pesar de que Germán Vargas Lleras y su movimiento Cambio Radical votaron en la segunda vuelta por Santos, el Consejo de Estado sostuvo que él no podía ser ministro delegatario por no pertenecer al mismo partido o movimiento político del jefe de Estado. El vicepresidente, Angelino Garzón, ha dicho que si bien salió elegido en la fórmula con el presidente, él no pertenece a la U. Luego, ¿cómo puede ser presidente encargado? Sin embargo, la Constitución extrañamente así lo establece. El Congreso, en vez de buscar fórmulas médicas de incapacidad o discapacidad que a nada conducen, lo que debe es enmendar tantos entuertos en donde las vías legales se confunden con las vías digestivas.

 

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