Por: Óscar Alarcón

MACROLINGOTES

EL CASO DEL EXPRESIDENTE DEL Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, recuerda a otro muy sonado por los años sesenta.

Se trata de quien era ministro de Defensa en el Reino Unido, John Profumo, quien conoció a una hermosa bailarina de 19 años, Chistine Keller, mientras ella se bañaba desnuda en la piscina de la finca de lord Aston en Cliveden (Buckinghamshire). De allí surgió un cálido romance en plena guerra fría y con flemáticos ingleses que se complicó, no tanto por eso sino porque se descubrió que la joven también había sido amante del entonces agregado militar de la Unión Soviética en Londres, Eugeny Ivanov.

Luego de un largo debate, el primer ministro Harold Macmillan debió aceptar la dimisión de su inquieto ministro y eso significó la caída de los conservadores del gobierno y el triunfo en 1963 de los laboristas, encabezados por Harold Wilson.

Se ha dicho que en Inglaterra un ministro se cae cuando tiene amante y en Francia, cuando no la tiene. Con el caso Profumo, la primera hipótesis quedó demostrada, pero extrañamente ha ocurrido lo mismo con Stauss-Kahn, porque no lo dejaron llegar a Francia, en donde con seguridad lo habrían recibido en los Campos Elíseos. Tan de malas, a este Kahn lo caparon dos veces.

Estoy seguro de que en ambos casos las “presas” se las pusieron sus enemigos. Con Profumo el afectado fue el Partido Conservador, que perdió el gobierno, y en el caso de Strauss lo fue él directamente porque se perfilaba como el más seguro candidato del socialismo y quien, aseguran, derrotaría a Sarkozy. Los norteamericanos hacen parte del complot y es inconcebible que ellos se hayan prestado para hacer parte de este escándalo, simplemente por estar dos unidos.

Strauss, como alto directivo del Fondo Monetario Internacional, no debió intentar sus escarceos en el hotel sino en la banca, donde jugaba como local. Además, porque en el fondo debe ser buena persona, este hombre con apellido de Khan, quien por eso se las da de perro.

 

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