Por: Óscar Alarcón

Macrolingotes

LAS PUBLICACIONES DEL CORAZÓN en el Reino Unido están de plácemes, no tanto porque hablen del Príncipe Carlos y Camila Parker, sino porque sus páginas se ocupan del rey…

pero no de los futuros huéspedes del Palacio de Buckingham, sino del rey de la Fórmula Uno del automovilismo. Se trata de Bernie Ecclestone, magnate de ese deporte en calidad de empresario. No corre, pero ocupa el puesto 24 entre los hombres más ricos del mundo.

Mas, a pesar de ser un hombre de mucha plata, la noticia no aparece en las páginas económicas, ni en las deportivas. Su figuración en las páginas del corazón se debe a que su esposa le pidió el divorcio después de 24 años de matrimonio. Estaba cansada de lavar la loza y que su tacañería, la de él, no le permitiera contratar una muchacha de servicio, ni comprar un lavaplatos. Ella, de nombre Slavica, antigua modelo croata, hacía con su marido una pareja dispareja porque a los dos no sólo los separan 28 años —él tiene 78—, sino además porque ella lo supera en 16 centímetros de estatura. Es tanto como ver juntos a Luis Alberto Moreno y a la presentadora Andrea Serna.

Él es un empresario automovilístico y en esta carrera, sin fórmula de solución a la vista, su esposa reclama la mitad de su fortuna, que estiman en 2.500 millones de euros. Por algo dijo Hemingway que en la cama todos somos del mismo tamaño.

* * *

La obamanía está en todos partes. Ya hasta se encuentra más allá del universo. Por eso cuentan que llegó Barack Obama al cielo y San Pedro le preguntó:

—¿Cuál es su nombre?

—Leonardo DiCaprio —respondió, temeroso de que por su color no lo dejaran entrar.

San Pedro, incrédulo, vuelve a preguntar y Obama vuelve a responder lo mismo. Entonces el portero del cielo llama a Dios por el celular.

—Sáqueme de una duda, jefe, el Titanic ¿se hundió o se quemó?

 

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