Por: Óscar Alarcón

Macrolingotes

LAS RELACIONES ENTRE LA IGLESIA y el Estado colombiano, siempre han dado lugar a controversia.

El primer obispero surgió en el gobierno de José Ignacio de Márquez (1839) cuando en Pasto la Iglesia invitó a desconocer una ley que los afectaba. Después, en el gobierno de Mosquera (1861), vino el decreto de desamortización de bienes de manos muertas por medio del cual las propiedades de la Iglesia pasaron a manos del Estado. La medida le tocó defenderla a Rafael Núñez, como secretario del Tesoro y Crédito Nacional.

Irónicamente, el mismo Núñez fue, años después, gran aliado de la Iglesia durante su propia administración, tanto que suscribió con el Vaticano el Concordato para ver si la Santa cedía… y cedió, para elevar a la condición de sacramento su matrimonio civil con doña Soledad Román. Pero aún más irónico era que los radicales, sí los ¡radicales!, criticaban su relación con la cartagenera. Llegaron a hacerle chistes y gracejos, como aquel que le endilgaron cuando en el Salón de Recepciones de Palacio aparecieron juntos el presidente Núñez, doña Soledad y monseñor José Telésforo Paúl. Pues esos librepensadores comentaban sobre la escena: “Van juntos, el excelentísimo, el ilustrísimo y la grandísima”.

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A mediados del siglo XX fueron famosos los sermones de monseñor Perdomo contra los liberales a tiempo que pedía el voto para los candidatos conservadores. Ahora el cardenal Pedro Rubiano Sáenz, el mismo que se inventó la parábola del elefante cuando el gobierno de Samper, considerará inconveniente la segunda reelección del presidente Uribe cuando gran parte del país estaba convencido de que esa aspiración contaba con bendición celestial. Por algo el Primer Mandatario ha expresado tanta fe religiosa que en la Catedral hizo arrodillar a Francisco Javier Ricaurte, entonces presidente de la Corte, ante la cara de satisfacción del mismo cardenal Rubiano. Salió orgulloso el jurista, tanto que no cabía por las puertas del templo. Y eso que estas son bien grandes, para que entre el Altísimo.

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