Por: Óscar Alarcón

Macrolingotes

EN UN MOMENTO DE CRISIS EN EL DANE, le tocó tomar las riendas de la institución a Ernesto Rojas Morales, quien en épocas pasadas, cuando el gobierno de Lleras Restrepo, ocupó el mismo cargo.

Porque quien es caballero repite y a él, precisamente, le correspondió reemplazar a César Caballero. En esta segunda oportunidad le cayeron rayos y centellas por el mecanismo de alta tecnología que utilizó para hacer el censo de población de 2005. Finalmente lo concluyó y un organismo tan serio, como el Census Bureau de los Estados Unidos, confirmó plenamente su profesionalismo y veracidad. Señaló que en ese año Colombia tuvo una población de 41’487.778, que difiere en sólo 196.805 de los 41’290.973, que estableció el controvertido censo.

Según el reloj de población del DANE, hace diez días llegamos a 45 millones de colombianos, lo cual demuestra que la pirámide de edades —no de las otras— empieza a transformarse en un rectángulo, como ocurre en los países europeos, en donde los mayores representan una proporción de población cada vez más elevada y los niños y jóvenes dejan de ser la gran base de la estructura poblacional.

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Siempre nos enseñaron que los bebés llegaban de París, cuando la verdad es que vienen de estar dos unidos. Y hoy también nacen gracias a esas posiciones pero las parejas acuden a métodos de planificación muy distintos al ogino que muchas veces fracasa porque se cuentan los días y no las noches.

Entre nosotros ha habido reducción de la fecundidad, tanto que entre 1993 y 2005 las tasas anuales descendieron desde un 2 hasta un 1,43% y se calcula que a mediados del presente siglo estaría tan bajo que podría llegar al 0,036%. Hoy somos 45 millones y en  2019 apenas llegaremos a 49 millones.

Jubilado viene de júbilo pero con tantos viejos y tan escasos jóvenes no habrá dinero para las pensiones, y de pronto no logramos el júbilo. Lo peor es que muchos estamos próximos a la ley de la grave edad.

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