Por: Óscar Alarcón

Macrolingotes

NOS SORPRENDE LO QUE SUCEDE EN Honduras, pero quien no conoce la historia está condenado a vivirla.

Igual que Zelaya, el general Tomás Cipriano de Mosquera no tenía buenas relaciones con el Congreso luego de tomar posesión el 20 de mayo de 1866. La situación llegó a tal extremo que el 29 de abril del año siguiente declaró el Estado de sitio, cerró el Congreso y envió a la cárcel a sus enemigos Manuel Murillo Toro, Santiago Pérez y Felipe Zapata.

Las Cámaras, para tirarse a Mosquera, y por la circunstancia de que sus enemigos los radicales eran mayoría, y como si éste fuera un pobre diablo, eligieron dos Santos como primero y segundo designado, igual que ahora en Colombia, en donde hasta hace poco había dos de ellos en el Gobierno. Los escogidos fueron Santos Gutiérrez y Santos Acosta. El segundo de los dos, al amanecer del 23 de mayo de 1867, le dio un golpe de Estado al Gran General e, igual que en Honduras, lo sacaron en pijama y lo pusieron preso.

Hay algo simpático en esa historia. El golpe debía darse dos días antes, pero Santos Acosta había mandado a hacer un uniforme militar para lucirlo, montado en su caballo, en la Plaza de Bolívar, el día de la toma del poder. Como sucede con todos los sastres, no le cumplió y hubo que aplazar el golpe y la amanecida. ¡Qué de… sastre!

Lo contrario también sucedió aquí durante el gobierno de Ospina Pérez. El Congreso le iba a hacer un juicio político por los hechos del 9 de abril, pero el Presidente, quien no era ningún tonto, les “madrugó” sin pijama a los legisladores y cerró las Cámaras.

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Los medios de comunicación han ignorado la muerte de Jaime Mejía Duque, ocurrida hace diez días. Gran crítico literario, hombre de izquierda pero quien trabajó muy al lado de Jorge Mario Eastman en la revista Consigna y en las colecciones de pensamiento político que aparecieron en la Cámara de Representantes. Nació en Aguadas (Caldas), pero por razones de salud pasó sus últimos días en Santa Marta, en donde falleció. Para la generación de los años sesenta fue, como crítico literario, el Ángel Rama colombiano.

 

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