Por: Óscar Alarcón

Macrolingotes

DON MIGUEL ANTONIO CARO ERA UN ardiente patriota, un excelso poeta, un gramático eximio, un pensador profundo y un orador elocuentísimo. Pero era un político soberbio e inepto.

De él sí que habría podido decirse que era capaz de sacrificar un mundo para pulir no un verso, sino un simple chiste. Conocía a los hombres, mas no sabía manejarlos y carecía de aquel sentido práctico de quienes han tenido que abrirse camino a codazos para triunfar en la lucha por la vida.

Lo anterior no es de mi cosecha. Es de un copartidario de Caro que, contrario a él, sí conoció el mar. Se trata del cartagenero Eduardo Lemaitre. Por estos días a aquel se le ha recordado, con motivo del centenario de su fallecimiento, y han sobrado adjetivos para elogiarlo a pesar de que, frente a sus muchas virtudes, que no desconozco, también tuvo infinidad de defectos. Para mí fue uno de los causantes de la separación de Panamá, por su actitud hostil frente al tratado Herrán-Hay, y también como redactor e inspirador de la Constitución de 1886, que fue definitiva para que los del istmo resolvieran buscar su propio camino.

Caro no salió de la Sabana de Bogotá. No conoció el mar ni tampoco el río Magdalena y paradójicamente fue delegatario por Panamá y gran inspirador de la Carta del 86. Como no podía quedarse en el gobierno después de 1898, escogió para sucederlo a Manuel Antonio Sanclemente y José Manuel Marroquín, buscando con este último continuar la dictadura del poetariado.

Cuando combatió en el Senado el tratado Herrán-Hay dijo que mal hacía Colombia en ligar a perpetuidad su suerte a la de los Estados Unidos, puesto que la aparente pujanza y grandeza de ese país de inmigrantes era efímera, una estrella fugaz en el firmamento de las naciones, que jamás alcanzaría la permanencia y solidez de las potencias europeas.

¡Qué tal! Con estas palabras no me queda duda de que el hijo de uno de los fundadores del conservatismo, José Eusebio Caro, fue el primer ideólogo del Polo Democrático.

Fue enemigo acérrimo de Rafael Reyes, tanto que cuando le dijeron que el general estaba medio loco, respondió: “Entonces ha mejorado”.

Me perdonan los admiradores de don Miguel Antonio por lo escrito. Ojalá esto no me salga muy Caro.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Óscar Alarcón

El nuevo país

Cambios de gobierno

El castrochavismo

Encuestas y candidatos

El tratado de extradición