Por: Óscar Alarcón

Macrolingotes

ASÍ COMO NOS PREPARAMOS PARA CElebrar el Bicentenario de nuestra Independencia, los amigos de la música clásica comienzan a hacer lo mismo con otro bicentenario, el del nacimiento de Federico Chopin, ocurrido ayer hace doscientos años. Su nombre está unido a ese instrumento maravilloso como lo es el piano, con el cual se convirtió en precoz compositor.

Nació cerca de Varsovia, de origen polaco y francés. Su salud fue deplorable desde los 15 años cuando mostró los primeros síntomas de tuberculosis, enfermedad que le produjo la muerte cuando sólo tenía 39 años. Pero en su familia no fue la única víctima, una hermana suya también murió del mismo mal a los 14 años. Mejor dicho, la tuberculosis rondó a la familia Chopin, paradójicamente el que hizo hermosos rondós.

Mucho se ha especulado sobre sus inclinaciones sexuales, sobre todo porque jamás se casó y porque fue criado entre mujeres, habiendo sido el único varón en la casa. Sufrió frustraciones amorosas. Cuentan que era tan tímido que escasamente se acercaba a las mujeres para declararles su amor.

Aseguran que tenía el complejo de Edipo y que prefirió amistades viriles, tanto en la adolescencia como en la madurez. Sus maneras refinadas y sus inhibiciones amorosas le acarrearon más de una calumnia, a lo cual se agrega que tuvo una relación sentimental con George Sand, nombre que parece de hombre y quien por esos años vestía pantalones, cuando no era de usanza entre las mujeres.

De todas maneras, Chopin nos regaló hermosas polonesas, nocturnos y un gran número de obras en donde el piano es el personaje principal, porque prefirió, en la mayoría de sus composiciones, que la orquesta se fuera con su música a otra parte. Su modestia lo llevó a admirar a músicos menores, por lo menos menores que él, como aquel con apellido de tarjeta de crédito, Paganini.

Que el bicentenario de Chopin, fiel exponente del romanticismo, sirva también para admirar el piano, ese instrumento que, como las brasileñas, tiene más que cola.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Óscar Alarcón

Las frases de Gaitán

La larga espera

El caso Carrasquilla

A propósito de “mermelada”

Los auxilios del 86