Por: Óscar Alarcón

Macrolingotes

A PROPÓSITO DE LO QUE LE SUCEDIÓ al vicepresidente Angelino Garzón, bueno es recordar una de las muchas anécdotas que han pasado a lo largo de nuestra historia, no sólo con los vicepresidentes, sino también con los designados.

Por ejemplo, el presidente de la República era Guillermo León Valencia y el designado, a quien se le había vencido el período, era José Antonio Montalvo. Por esa circunstancia hubo una larga polémica jurídica sobre a quién se podía encargar del gobierno, habida cuenta de que el primer mandatario pensaba viajar al exterior en visita oficial.

Que si lo hacía como jefe del Estado debería ser un ministro con funciones presidenciales (a pesar de que la figura aún no existía); que si era el designado, no obstante que su período había concluido, pero no se había elegido su reemplazo. Fueron dos meses con todo el leguleyismo a que estamos acostumbrados con el artículo y el inciso. Después de numerosas vueltas y revueltas, consultas aquí y consultas allá, el gobierno se inclinó por llamar al designado, quien, por lo demás era embajador en el Vaticano. Para entonces, 1966, Montalvo era un señor bastante entrado en años. El pobre señor cojeó para Bogotá (a él le decían el cojo) y debió hacer el largo viaje desde la ciudad eterna en dos etapas, con escala y dormida en Nueva York. Finalmente llegó. El presidente Valencia lo esperó en la escalerilla del avión y le preguntó si había recibido el cable. Le respondió que no. “Yo no sabía en qué hotel estaba y no sabía a qué parte enviarle el mensaje. Anoche estaba angustiado y se lo hice llegar al Hotel Rochester… es que ya no voy a viajar”, le dijo Valencia.

 

Montalvo, quien pasó a la historia por su célebre frase “A sangre y fuego” contra los liberales, de designado pasó a ser resignado. Y se dio cuenta de que el tiempo se le pasaba.

 * * *

Estuvo de infarto el primer matrimonio gay en Argentina. En la misma noche de bodas uno de los contrayentes murió de un paro cardíaco. El sobreviviente quedó señor, señorito y viudo.

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