Por: Óscar Alarcón

MACROLINGOTES

A PROPÓSITO DE LA CRÓNICA QUE publiqué en este mismo diario (1º de agosto pasado), sobre los restos de Bolívar, algunos lectores pusieron en duda lo que allí se decía sobre sus huesitos y sus carnitas, que se fueron para Caracas el 20 de noviembre de 1842, y también sobre el corazón, que se quedó en Santa Marta y hoy nadie sabe dónde se encuentra.

Pues les cuento a esos incrédulos que lo allí contenido no es producto de la imaginación, sino que tuve como fuentes los “Documentos relativos a la exhumación y traslado de las cenizas del Libertador de Santa Marta a Caracas, 1842-1942” (editorial Kelly. Bogotá), de Belisario Matos-Hurtado. Asimismo, la “Historia del Magdalena”, de José C. Alarcón.

La verdad fue que cuando se produjo su muerte (1830), al Libertador no lo querían en Venezuela y en Bogotá las paredes se llenaron de grafitos contra él llamándolo “longanizo”, un apodo que inicialmente le pusieron sus novias, por lo que sabemos.

Ahora cuando estamos en tan buenas migas con los vecinos, bueno es recordar que el Congreso venezolano en julio de 1830 rompió relaciones con Colombia y manifestaba que así se mantendría hasta cuando Bolívar permaneciera en nuestro territorio. Debieron pasar doce años de su muerte para que nos levantaran el veto y reclamaran sus restos. Y ciento ochenta años para que se interesaran por investigar su muerte.

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Santa Marta ha sido muy de malas con el Libertador. Sus restos se hallaban en la Catedral Basílica y allí fueron víctima de un terremoto en 1834, y el corazón también sufrió en la guerra de 1830, cuando el templo fue prácticamente destruido. Pero eso no es todo, de la Notaría 1ª sustrajeron del protocolo su testamento y misteriosamente apareció en Caracas. Los venezolanos, con buen gesto, lo devolvieron, pero jamás llegó a Santa Marta y me cuentan que ronda por un despacho ministerial en Bogotá. Mejor dicho, el general está fuera de su laberinto.

Después de haberse cometido un delito que se notaría tarde o temprano, el testamento aún sigue retenido para que cesen los partidos y se consolide la unión.

 

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