Por: Óscar Alarcón

MACROLINGOTES

MAURICIO SÁENZ ACABA DE PUBLIcar un excelente libro (Caudillos, Panamericana Editorial) sobre los dictadores en América Latina, en donde sostiene que en doscientos años esta región no ha cambiado nada en lo que tiene que ver con sus gobernantes.

Se refiere a casi una veintena de dictadores que por años manejaron países de la región, como Juan Vicente Gómez, Rafael Leonidas Trujillo, Alfredo Stroessner, Juan Domingo Perón, Gerardo Machado, Getulio Vargas, los Somoza, entre otros. Es un buen repaso de una época de caudillismo, en donde las Banana Republics se confundían con el folclor y las costumbres de las gentes, en donde los gobernantes manejaban a su antojo los estados, desconociendo el estado de derecho, ayudados con constituciones que por consiguiente no eran rígidas, tampoco flexibles, sino genuflexas.

Un personaje que a mí me ha llamado la atención fue nuestro vecino Juan Vicente Gómez, quien por 27 años estuvo al frente de los destinos de Venezuela, récord que desea superar Chávez, a pesar de que le faltan 16. Por los años treinta existió la Misión Kemmerer, que “vendió” en América Latina la creación de organismos económicos, tales como las contralorías y los bancos centrales (nosotros acogimos esas propuestas). Fueron a Venezuela y siguieron el mismo libreto: reuniones y reuniones y luego entrevistarse con el jefe del Estado para explicarle el diagnóstico y darle las conclusiones. Gómez, quien era el mandatario, los escuchó atentamente y al final respondió: “Si ustedes dicen que para acabar la corrupción, que calculan en 60 millones, se debe crear una contraloría, ¿cuánto vale poner en funcionamiento ese organismo? Ellos le respondieron que más o menos cien millones. Con ese pragmatismo que lo caracterizaba, les manifestó: “No, chico, dejemos las cosas así y nos ahorramos cuarenta millones”.

Eso era también una manera de reducir la corrupción a sus justas proporciones. Sáenz en este libro, que no incluye esta anécdota pero sí cosas muy interesantes, muestra de cuerpo entero esos gobernantes, llenos de poder y que inexorablemente fueron patriarcas que tarde o temprano llegaron al otoño. Por algo a esos gobiernos los llaman dicta… dura.

 

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