Por: Óscar Alarcón

MACROLINGOTES

LA INSTITUCIÓN DEL MINISTRO DElegatario, que dio mucho de qué hablar a propósito de la designación en ese cargo de Germán Vargas Lleras, tiene una larga historia en nuestro país.

Antes, cuando el presidente de la República salía al exterior en cumplimiento de sus funciones como jefe de las relaciones exteriores, se veía obligado, paradójicamente, a llamar al designado para que se hiciera cargo del poder. Éste se posesionaba en el Congreso, había largo e interminable besamano en Palacio, despachaba, y al día siguiente o máximo dos o tres días después, entregaba el cargo al presidente titular, cuando regresaba. El designado era una especie de “presidente relámpago”.

Las ceremonias de posesión del presidente y del designado se parecían, pero se diferenciaban en algo: el discurso del designado era más largo que el del presidente. La extensión de sus palabras a veces igualaba el tiempo de su mandato.

Desde 1936, en el gobierno de Alfonso López Pumarejo, se pensó por primera vez en una figura que evitara esas ridiculeces. Luego, cuando en 1967 el presidente Carlos Lleras Restrepo viajó a Punta del Este, Uruguay, a una reunión de presidentes, optó por encargar al ministro Darío Echandía para las funciones presidenciales domésticas y no llamó al designado de la época Julio César Turbay. Y se hizo acompañar del jefe de la Casa Militar, Gustavo Matamoros, para que el no llamado no pensara que era contra él… por lo moro. Tiempo después el Consejo de Estado tumbó el decreto respectivo, pero cuando el mandatario ya había ido y vuelto.

Desde 1977 existe la figura sabia del Ministro Delegatario y quedó atrás toda esa parafernalia de posesión de los designados, hoy vicepresidentes. Pero como ya no se puede discutir sobre el tema, ahora se inventaron debatir sobre a quién le toca encargarse, siendo que el ministro del Interior y Justicia, Germán Vargas Lleras, como lo dice el artículo 196 de la Constitución, es del “mismo partido o movimiento político del presidente”. ¿Por qué? Porque después de los resultados de la primera vuelta, él dio un cambio radical.

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