Por: Óscar Alarcón

Macrolingotes

Desde este fin de semana se exhibe la película El mayordomo, que es la historia de Cecile Gaine, quien sirvió en la Casa Blanca como mayordomo a ocho presidentes, durante 34 años.

La historia se desarrolla paralelamente con la lucha que durante esos tiempos libraron las gentes negras frente a la discriminación de que fueron víctimas.
También, entre nosotros, hubo la historia de un negro (afrodescendiente, diríamos hoy) que sirvió a nuestros mandatarios. No se ha precisado a cuántos, pero la decisión de emplearlo le costó la vida al presidente José Eusebio Otálora. Este jefe de Estado, en su condición de designado, se ganó una acusación ante el Senado por la compra que hizo a don Salomón Koppel de un magnífico landó, con dos caballos de raza normanda, dos juegos de arneses de lujo y dos libreas completas, todo por la suma de 4.000 pesos en plata, que con el descuento del 30 por ciento equivalía a 2.800 pesos en oro, pagaderos en cuotas semanales de 500 pesos, con el aditamento de que en el negocio entraba el negro jamaiquino, comprometido en servir por un sueldo mensual de 16 pesos más los alimentos.

La compra la hizo Otálora para que, por “decoro nacional”, la Presidencia tuviera un coche de tracción animal propio, en vez de alquilar cada vez que se requería. A pesar de que la partida estaba en el presupuesto, la oposición pidió que se esclareciera el punto de si el coche “se debe considerar como mueble, como semoviente o con ambas denominaciones, puesto que en el contrato se hace mención de dos caballos que ponen el vehículo en movimiento”. Y además no había facultades para hacer “sustitución patronal” con el negro de Jamaica.

El debate concluyó con la acusación en el Senado por “deshonestidad y malversación de fondos”. Otálora, que estaba enfermo, murió como consecuencia de los hechos 38 días después de dejar la Presidencia, el 8 de mayo de 1884, en la población de Tocaima. Y el negro casi fue blanco de las balas cuando el atentado al general Rafael Reyes.

 

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