Por: Gustavo Páez Escobar

Maestro del humorismo

Julio de 1952. Murió en Manizales, a los 62 años de edad, el escritor costumbrista Rafael Arango Villegas, cuya prosa impregnada de exquisito humor constituía un manjar para sus innumerables lectores.

Era uno de los escritores más destacados de la época, y su fallecimiento súbito estremeció a Caldas y al país.

La muerte lo sorprendió en la casa de Ambrosio Echeverri, donde todas las tardes un grupo de amigos realizaba una especie de rito sacramental alrededor del juego de lulo, con el combustible indispensable de las tazas de café y la vena humorística del escritor. Tertulia de típico sabor antioqueño.

Seis décadas han transcurrido desde entonces, y hoy el nombre de Arango Villegas, que el paso del tiempo ha condenado al olvido, revive con el libro que lleva por título Este soy yo, tal cual..., que acaba de ver la luz en los talleres de artes gráficas de AD Impresos, de Manizales. El autor y compilador de la obra es el escritor y periodista José Jaramillo Mejía, otro destacado oficiante del humorismo en su columna de La Patria y autor de varios libros de este género.

Eduardo Arango Restrepo, único hijo sobreviviente del escritor, cumplió la feliz tarea de recoger entre familiares y amigos el material que sirve de base para exaltar la memoria de su padre. Nadie tan indicado como Jaramillo Mejía para ordenar recortes de prensa, anécdotas, fotos, textos críticos, páginas inéditas y otros papeles, y saber encarrilarlos y comentarlos dentro del propósito de presentar la imagen cabal del maestro del gracejo, la gracia y la simpatía que fue Arango Villegas. El diseño y diagramación de la obra lo ejecuta Álvaro Marín Ocampo, versado en esta materia.

Se tienen, pues, distintas voluntades, aptitudes y adhesiones que confluyen hacia una misma finalidad: revivir la estampa magna de este personaje del pasado que con sus humoradas de fina ley hizo reír al país y dejó en sus páginas grandes trozos del género costumbrista, hoy, por desgracia, en desuso. Sus escritos son retozones y al mismo tiempo pintan la seriedad y la filosofía de la vida corriente a través de menudos y típicos personajes del diario acontecer.

Virtud suya muy acentuada fue la de no zaherir a nadie con sus agudezas mentales, que manejaba con caballerosidad, tino y donaire. Era respetuoso, como el más, del prójimo que recreaba en sus escritos. No tenía un solo enemigo. Todos gozaban con sus ocurrencias geniales. Al reírse de la humanidad, se reía primero que todo de él mismo. Con su personaje Feliciano Ríos dibujó muchas facetas humanas.

Su legado está constituido por libros de delicada ironía, que ojalá volvieran a tener imprenta, como Bobadas mías (su obra más popular), Asistencia y camas (adaptada en Bogotá por Jaime Botero Gómez como obra de teatro, en 1995), Astillas del corazón, Cómo narraba la Historia Sagrada el maestro Feliciano Ríos, Salve mochito, Ai perdonan pues, Pago a todos, entre otros. Y dejó inédito La familia Castañeda, por un suceso muy simpático que el autor narra en un escrito que ahora se divulga. (Don Eduardo: ¿cuándo nos hará conocer las intimidades de la familia Castañeda?).

Muy apropiado el título Este soy yo, tal cual… Si alguien quiere tener un bosquejo fiel sobre el singular escritor caldense, maestro del talento humorístico y la pluma fina, no es sino que lea este libro.

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