Por: Iván Mejía Álvarez

¡Magazo!

Cuando José Roberto Arango se embarcó en la titánica misión de salvar lo que quedaba de Millonarios, lo que no se habían robado o despilfarrado, le pusimos el sobrenombre de El Mago.

Hombre, se le dijo, si usted logra hacer eso, redimir a Millos de los siniestros personajes que lo han azotado durante estos años, volverlo una institución viable y convertirlo en una empresa comercial tras un proceso coherente de democratización, usted es mucho más que mago, es un magazo, al mejor estilo Houdini o Copperfield.

Arango tenía experiencia en el salvamento de empresas. Había puesto sus conocimientos para sacar adelante a Paz del Río y a Coltejer. José Roberto Arango creía que la misión que acometía en Millonarios iba a ser fácil y se equivocó de cabo a rabo. Él lo reconoce abiertamente, esta ha sido su mayor tarea, la más difícil, la más llena de intrigas, traiciones, puñaladas rastreras y hasta amenazas contra su vida por parte de las alimañas que desangraron el club durante años, se lo robaron, lo convirtieron en lo que era y con 45 mil millones de deuda. El club recontraquebrado y sus “dueños” y administradores multimillonarios.

Hoy, sus hinchas sueñan con un futuro decente y sin traumas económicos. Al hincha azul se le ve alegre y sabiendo que están cerca de terminar con la pesadilla de esos horribles años en los que unos sujetos desvergonzados les sacaron hasta las ganas de ir al estadio pero nunca les pudieron quitar el sentimiento profundo de amor a la camiseta. Ese sentimiento del hincha es lo único que perdura con el tiempo y permite que, en las buenas o en las malas, los hombres pasen y las instituciones queden.

Arango está a punto de terminar su labor y de enseñar un camino hacia el futuro en otros equipos, en el fútbol colombiano. Un camino donde el hincha tiene presencia. Esta semana será crucial para que el nuevo Millonarios, por ahora impoluto, decente, sin trazas de sujetos deleznables, pueda vivir y ser potencialmente una gran empresa, manejada correctamente.

Empero, todo hay que decirlo, la nueva junta directiva ofrece algunos lunares y algunas preguntas: ¿Qué hace allí la señora Sanín? Y el doctor Dávila Ladrón de Guevara no es el mismo señor que estuvo en la paupérrima junta directiva de los ‘Notables’ con Guillermito Santos como presidente? ¿No es el mismo que invitó a la ‘belleza’ de Juan Carlos López a la directiva del club? Cuidado, desde el desayuno muchas veces se sabe cómo será el almuerzo.

 

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