Por: Cecilia Orozco Tascón

Magnífica defensa

A ESTAS ALTURAS NO HE PODIDO comprender aún si el fiscal de los Nule es su investigador, o si más bien es su defensor. Juro que me esfuerzo. No obstante, ha sido imposible que resuelva la confusión que me agobia cuando habla Germán Pabón. Él dice lo obvio desde el punto de vista judicial, en particular cuando andan por ahí los medios; pero enseguida asume la voz de los imputados con tal energía que su papel se mezcla con el de Largacha, el defensor oficial del caso.

Los Nule le deben caer en gracia a Pabón. Aprecia su gesto de venir y seguramente los bendice aunque le cuenten trocitos de verdad. Claro, puede haber error y si es así, pido el favor de que me expliquen por qué, entonces, el fiscal se esfuerza tanto en satisfacer las exigencias de los detenidos y en preservar sus estrategias a costa, incluso, de la libre circulación de información.

Primero. El abogado Pabón y su jefa les ofrecieron las instalaciones del búnker —¿o un hotel para testigos?— como vivienda de paso mientras se realizaba la audiencia ante juez. Segundo. El juez enderezó el asunto cuando los mandó a La Picota negando la petición de la Fiscalía que, solícita, ofreció otra vez el búnker como residencia para los implicados. Sin embargo, el pulso no había terminado. Tercero. Alegadas amenazas de muerte expuestas por Pabón, consiguieron que el juez reconsiderara su decisión mientras se adecuaba “un sitio especial” dentro de La Picota que terminó siendo —sorpresa— la casa del director del penal. Vuelta a la Fiscalía. Cuarto. Después de varios días, traslado de los huéspedes. Esta ocasión tampoco era la de los vencidos: regreso al búnker porque Pabón dictaminó, de nuevo, fallas en la seguridad. Quinto. El fiscal con cara de defensor ofició al ministro del Interior para que éste le dedicara su “detenida atención” a que los Nule tuvieran “su propia alimentación así como adelantar actividades de trabajo”. Supone uno que todo lo anterior significa comida a la carta, computadores, internet, comunicación con el exterior, visitas, etc. Sexto. Hace unos días los dejaron, al fin, en la vivienda prometida con cuatro cuartos con baño cada uno. Pero no, no era satisfactorio todavía. Había habitantes en la casa: un exviceministro y un exasesor involucrados en el lío de AIS. Raudo, el Inpec sacó a los intrusos porque los Nule “necesitan privacidad” para hablar con sus abogados y defensores. Difícil adivinar quién pidió el traslado. Séptimo. El Tiempo reveló unos correos cruzados entre los Nule y su abogado (Largacha, por si acaso se confunden como yo).

“Tenemos listos para obtener su suspensión o destitución (a los Moreno)”: Largacha. “O tumbamos a los Moreno o estamos presos”: Miguel Nule. “Necesitamos que Mauricio respete al Procurador (porque éste) es enemigo de Pavayó (Gómez Pavajeau, defensor de Iván Moreno): Nule “¿Qué pasa si la Fiscal le quita el poder al f (fiscal) y le dice: ‘yo pienso así y no cumplo su palabra’? ¿Qué haría el fiscal de turno? ¿Le renuncia o queda mal con nosotros? Que el f (fiscal) no salga con que nunca dijo eso”: Rina Mendoza, pretendida exesposa de un Nule. “No estoy diciendo que quiero que salgan al tema nacional, sólo que hay evidencias. ¿Qué vamos a hacer con eso?”: Rina Mendoza.

El amigo Pabón no tardó en reaccionar. No se preocupó por lo que sugiere doña Rina sobre él sino porque se hubiera descubierto el juego Nule. Su respuesta fue significativa: “Esos son correos privados y (su filtración) deberá ser objeto de investigación”. Si es consecuente, Pabón ha debido compulsar copias para que abran un proceso… contra El Tiempo. Magnífica defensa, doctor Largacha. Perdón, doctor Pabón.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cecilia Orozco Tascón

El poder en la sombra

Caperucita desaparece, llega el lobo

Uribe, la víctima

Un fiscal que genera miedo