Por: Esteban Carlos Mejía
Rabo de paja

Magnolias infieles

Una tarde cualquiera una mujer va caminando por la 4ª, con novena o décima, en Bogotá, cuando al fondo de un café alcanza a ver a su marido y a su amante, juntos, tête-à-tête, charlando como un par de compinches. Queda petrificada. Literal. Al cabo de un rato logra sobreponerse, entra y se sienta en una mesa desde donde no la vean sus hombres y, con suspicacia o sensibilidad, empieza a recapacitar sobre la vida, el matrimonio, los amores, la infidelidad y la feliz armonía de los contrarios.

Así arranca Magnolias para una infiel, la nueva novela de Alejandra Jaramillo Morales, Ediciones B, marzo 2017. Un inicio prometedor que se robustece a medida que la historia avanza hasta llegar a un final abierto, de selección múltiple, a gusto de cada cual. Con una sutil estructura envolvente, esta gran novela breve, apenas 126 páginas, se inmiscuye en los laberintos sentimentales de una mujer casada, mamá de tres hijos, amante de su esposo y amante de su amante, adúltera feliz. Una inmersión perspicaz, plena de artificios y juegos, o sea, plena de literatura. Y con una voz muy femenina, sin aspavientos de igualitarismo de género, una palabra madura y osada.

Con un otrosí: es una delicia descubrir las insinuaciones, siempre en sotto voce, con las que Alejandra va tejiendo su red de misterios sin misterio: el amor siempre gana. Parece un eslogan, y es una verdad monda y lironda: el amor siempre gana. Háganme caso. Pero estaba hablando de las alusiones literarias: Tolstoi y su imprescindible Ana Karenina. Arthur Schnitzler con Morir. Effi Briest, novela de desolación y esplendor. La mujer justa, de Sándor Márai. Joyce Carol Oates. Alice Munro. El incrédulo J. M. Coetzee.

Alejandra Jaramillo Morales es una excelente escritora en un país de escritoras, a pesar del ninguneo del autodenominado Ministerio de Cultura. Por lo demás, si por diabólica casualidad el sacristán Ordóñez —apodado así con el debido respeto a los sacristanes de este país de sacristías— fuera capaz de leer Magnolias para una infiel, creo que de una la echaría a la candela en algún “acto pedagógico” de su tenebrosa alma de sicario intelectual. Porque es una novela para mujeres libres, de aquellas que tanto odian, temen o envidian ciertos hombrecitos, varones con cojones, pero sin coraje para aceptar las diferencias y respetar la pluralidad. Íntima, fina, encarretadora: a mí me encantó.

Rabito: “Muchas de las versiones que nos permiten inventar o reinventar una vida nos han llenado de miedo, que si somos putas, vagabundas, que si somos capaces de entregar lo que se debe, y al final somos incapaces de definir quién queremos ser, de hacer libremente una vida, eso que llamaríamos una vida propia. ¿Vida propia? Nunca, la libertad está minada de dudas, de dogmas de leyes que nos regulan mucho más allá del deseo (…). Yo creo que el amor en el fondo es encontrar un ser con el que uno pueda ser la mujer que quiere ser. Y ella, con la suma de sus amores, lo había logrado”. Alejandra Jaramillo Morales. Magnolias para una infiel, Ediciones B, marzo de 2017.

Rabillo: “Y si la Iglesia católica ha abolido el divorcio, es probable que sea porque habrá reconocido que contra el adulterio, como contra la muerte, no hay remedio que valga”. Friedrich Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, 1884.

@EstebanCarlosM

 

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