Por: Manuel Drezner

Maisky y el Santo Domingo

El excelente cellista Mischa Maisky volvió a presentarse en el Teatro Santo Domingo y como era de esperarse su concierto, dedicado a autores rusos, incluso Shostakovich y Rachmaninov, mostró a un gran artista, maduro y de un sonido y vigor impresionantes.

Muchos hubiéramos querido que en lugar de las inocuas piecitas de Tchaikovsky y Rimsky-Korsakov que incluyó en el recital, hubiera tocado algo de mayor envergadura, para complementar así, con un gran programa, la presentación de un músico de primera. Tal como fue, el concierto incluyó mucho de tibio (por llamarlo de alguna manera) y espero que esa discutible selección de obras no sea reflejo de menosprecio a nuestro público.

En la misma semana, el Teatro Santo Domingo aprovechó para presentar un avance de lo que será la programación del año entrante y hay que decir que esta es impresionante. Además de una coproducción con el Teatro Real de Madrid de Luisa Fernanda, hecha con dignidad y sin que asome el ubicuo eurotrash, tendremos oportunidad de escuchar solistas de la talla de Murray Perahia, uno de los grandes pianista de nuestros tiempos; de Maxim Vengérov, violinista virtuoso por excelencia, en el pináculo de la nueva generación de instrumentistas, y de Shlomo Mintz, otro gran violinista que será solista de la Filarmónica en el concierto de Elgar.

Fuera de nuestras orquestas criollas, vendrá nuevamente la Simón Bolívar de Venezuela, con Dudamel, y además la Sinfónica Nacional de China y nada menos que la Philharmonia de Londres, con Vladimir Ashkenazy al frente, Ojalá que se aproveche la presencia de Ashkenazy, quien además de director es ilustre pianista, para que haga un recital. La música de cámara estará representada más que dignamente por el Cuarteto Emerson, agrupación legendaria, y el Cuarteto de la Filarmónica de Berlín, mientras que en danza tendremos el ballet español de Antonio Gades, el de Zurich y uno de Corea. Mención especial merece un grupo legendario de títeres, el Obraztsov de Rusia, que nos dará dos obras de su repertorio y permitirá conocer el arte del titiritero en su máxima expresión y una versión nacional de Rinocerontes de Ionesco, una de las obras más importantes del drama del siglo XX, la que con Esperando a Godot es una de las culminaciones del teatro del absurdo.

Como se ve, se trata de una programación de lujo (me dicen que quienes compren las boletas con suficiente anticipación tendrán un importante descuento) y solo falta esperar que los programas que presenten los solistas invitados sean de envergadura, a la altura del público que los oirá.

 

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