Por: Luis Carlos Vélez

Mala comunicación

La semana pasada quedó confirmado una vez más que una de las más grandes debilidades de este gobierno es la comunicación. Una paradoja, ya que Juan Manuel Santos, antes de ser funcionario, fue periodista y experto en la importancia y el lugar del mensaje.

El hecho en cuestión ocurrió en Inglaterra el jueves por la noche, cuando recibió el reconocimiento Chatham House por su esfuerzo para terminar el conflicto en Colombia. Sus declaraciones, enfrentando sin tapujos y con una claridad inmensa las críticas recientes sobre la participación política de la Farc, fueron en inglés y en el extranjero.

¿Quién le puede sugerir a un mandatario hacer la que es tal vez la explicación más importante de los últimos meses y con el mayor contenido político reciente ante un auditorio fuera del país y en otro idioma? O el equipo que lo rodea es pésimo o el mandatario está más atento a lo que piensen afuera que a lo que se decide adentro. Cualquiera de los dos escenarios es perverso.

Vamos a los hechos. En esa presentación, el presidente tomó el toro por los cuernos y se refirió a dos episodios específicos. Primero, al famoso trino del 3 de mayo de 2012, a las 10:55 a.m., en el que declaró: “Ni Timochenko ni ninguno de los cabecillas de la guerrilla van a llegar a cargos de elección popular por el Marco Jurídico para la Paz”. Algo que, cómo usted sabe muy bien, no ocurrirá.

Al respecto, el mandatario explicó que las negociaciones son dinámicas y que para lograr acuerdos se debe ceder en las posturas iniciales, por lo que es tan sólo lógico que el discurso inicial sea diferente al final. Santos afirmó: “cinco años después nos dicen: es que ustedes nos prometieron que, por ejemplo, ellos no podrían lanzarse al Congreso sin que fueran juzgados primero. Bien, sí, esa era la postura original, la posición durante la mesa de negociación. Entonces usted es una víctima de lo que dijo hace cinco años en un proceso de negociación”.

El presidente aceptó, también por primera vez, que haber propuesto y realizado un referendo para refrendar los acuerdos fue un error. En una declaración histórica dijo: “Cometí el error de prometer que el Acuerdo se iba a pasar por un referendo. ¿Por qué lo hice? El pueblo estaba escéptico y yo también un poco. Las personas que estaban en contra de la paz decían que el presidente le iba a entregar el país a las Farc y al comunismo, y hubo un alto grado de incertidumbre. Pero ¿por qué digo que fue un error? No lo fue, porque cumplí mi promesa, pero sí fue un error porque en un referendo no se vota por lo que se está decidiendo sino por otras razones”. Mejor dicho, no se puede.

¿Usted supo de esto? Le aseguro que no. Incluso me sorprendí cuando lo oí, enterrado en un informe de radio despachado desde el exterior y con traducción al español. En un escenario tan convulsionado como el actual, el jefe de Estado no se puede dar el lujo de hacer unas aclaraciones tan importantes como estas desde el extranjero, ni su equipo de comunicaciones puede permitirse dejarlo caer en ese error. El problema no es que Santos no diga las cosas bien, es que no le ayudan ni se ayuda para que tengan repercusión y tracción.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis Carlos Vélez

El regreso de las Farc

Respeten

Populismo en México

La última oportunidad

Una nueva oportunidad