Por: Iván Mejía Álvarez

Malas copias

Las modas en el fútbol terminan por convertirse en auténticas epidemias.

Muchos técnicos creen, y así lo pregonan, que lo mejor es copiar al equipo que gana, al campeón y que tenga o no tenga los hombres para practicar el mismo fútbol, se puede intentar copiar para no quedarse de la moda. Ahora resulta que a muchos les ha dado por jugar como el Barcelona. Con notables diferencias en el rendimiento y en el resultado, en la forma y en el fondo.

Batista quiere copiar al cuadro catalán en todo: intenta hacer posesión de pelota en el medio, pretende copiar el módulo táctico con el 4-3-3, quiere rodear a Messi para crearle un hábitat como si éste estuviera en el elenco azulgrana. Pero son diferentes los principios, la aplicación y, por supuesto, el contenido de la propuesta. Una cosa es elaborar fútbol a partir del maravilloso pie de Xavi e Iniesta, jugadores sutiles que combinan bien, que mezclan mejor y que tienen el mapa de la cancha bien claro, para retener la pelota y para acelerar cuando es necesario, y otra bien diferente intentar hacer lo mismo con Banega y Cambiasso. Y otra cosa es jugar con Villa y Pedro en las bandas, haciendo diagonales y siempre listos para aprovechar los pases del trío Messi-Xavi-Iniesta, esos servicios enviados con tiralíneas que resultan mortales, y algo bien diferente es tener a Tévez dedicado a jugar su partido, con la cabeza pegada al piso y atropellando antes que clarificando, y también a Lavezzi que todavía no sabe por qué fue elegido titular por encima de alternativas superiores como Di María, Higuaín y Agüero.

El resultado de la propuesta es nefasto. Messi juega su peor torneo y Argentina cumple un papel discretísimo. Batista no entiende por qué esa mezcla funciona en el Barça y en la albiceleste es un fiasco. Copiar el modelo no parece la fórmula por ausencia de talento y de elaboración.

Tabárez también cayó en la trampa de creer que más delanteros significan más ataque, aunque su equipo juega mejor que Argentina, con argumentos parecidos a los de Sudáfrica. Los charrúas también llegaron con ese 4-3-3 donde Cavani y Suárez van a los costados y Forlán hace de media punta. Pero el problema uruguayo también es la elaboración. Pérez-Lodeiro-Pereira-Arévalo Ríos parecen más jugadores de fricción, fragor y lucha, que elementos aptos para la creación del fútbol. Al menos los uruguayos son leales a su estilo de entender el juego donde es más importante una ‘trabada’, un quite, que un toque. Ellos son diferentes.

La moda es copiar, el resultado hasta ahora no gusta y es muchísimo mejor el original.

 

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