Malestar social en América Latina

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La serie de estallidos sociales que se vienen dando en algunos países de América latina, e incluso en otros lugares del mundo si sumamos Hong Kong y Líbano, tienen un denominador común aunque en cada país se ha desarrollado de manera diferente y obedece a factores propios en cada caso.

Una respuesta fácil – y facilista- para América latina sería responsabilizar de la crisis al neoliberalismo y de las políticas que se vienen implementando desde los años 80s en el contexto del llamado Ajuste Estructural. Pero lo cierto es que no en todos los países esas medidas se aplicaron de la misma forma y con la misma intensidad, y los resultados han sido diferentes en cada caso, por lo tanto, no es correcto tratar de explicar cada caso con la misma fórmula.

Chile fue el país donde el modelo neoliberal llegó más lejos y dónde primero empezó a implementarse en el contexto de la dictadura de Pinochet, sin mayor resistencia. Los gobiernos de la Concertación –hoy Nueva Mayoría-, partidos de centro izquierda, luego de la derrota de Pinochet en el plebiscito de 1987, llegaron al poder y no tocaron el modelo económico, aunque lo ajustaron con políticas sociales para lograr que, de alguna manera, el crecimiento económico se distribuyera un poco mejor, pero aunque Chile ha sido exitoso en la lucha contra la pobreza no puede decirse lo mismo de la desigualdad en la distribución del ingreso. El índice GINI de Chile según datos del Banco Mundial a 2018 es de 0.47, lo cual refleja que hay un grave problema de inequidad que está en el trasfondo de la crisis actual.

Pero eso no basta para explicar el estallido social que tuvo como detonante el aumento en la tarifa del metro, también es necesario hablar de un déficit democrático, entendido como que el sistema político chileno no representa y no canaliza las demandas sociales que exige cambios significativos a ese sistema económico, como lo explican bien David Altman y Juan Pablo Luna en un estudio de 2011.

El presidente Sebastián Piñera pidió perdón al pueblo chileno por no detectar a tiempo este problema, y por haber aplazado las reformas necesarias, prometiendo una agenda social de unidad nacional para afrontar la crisis que amenaza con desbordar la capacidad de respuesta de las instituciones. Los militares en la calle recuerdan los perores tiempos de la dictadura y los saqueos indiscriminados síntomas inquietantes de anomia social.

Pero en Ecuador es distinto, una medida del presidente Lenin Moreno para retirar los subsidios a los combustibles desató las propuestas, y en Bolivia está relacionado con las dudas razonables sobre las elecciones que darían un cuarto período a Evo Morales; y en Venezuela es el colapso del Estado en manos de un régimen político que ha querido estatalizar la economía, y en Colombia las protestas estudiantiles reflejan un descontento con la política educativa y con la inequidad en el acceso a la educación superior.

Lo que sí es un exabrupto es atribuir esta crisis social que venía incubándose en estos países a la exportación de la llamada “revolución bolivariana”. Eso es ganas de sobre significar un fenómeno de parte de sus defensores y de atribuir, por parte de sus detractores, capacidad de influencia a un modelo que languidece entre la incapacidad y felonía de sus líderes. Claro, decirlo por parte de las élites es una forma de evitar tener que asumir el debate sobre un sistema injusto y desigual en el marco de democracias formales e imperfectas.

En Colombia, los indicadores sociales están ahí pidiendo un cambio, el conflicto armado permitió que las grandes reformas se aplazaran durante un buen tiempo, pero ya no hay más excusa, no se puede contener el descontento social a punta de subsidios y elecciones, se necesita mucho más, que no nos vaya a pasar lo de Chile porque acá el panorama de violencia de una insurrección social generalizada sería dramático.

Coletilla. Este domingo votaré por Claudia López para la Alcaldía de Bogotá, sus propuestas me parecen coherentes, sólidas y realizables, y pienso que esta ciudad necesita un tipo de liderazgo y una visión de gobierno como el que ella representa.

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