Por: Isabel Segovia

Mamá: ¿qué es el machismo?

Mi hija está en esa maravillosa etapa de la vida cuando se acaba la primera infancia y comienza la juventud. Afortunadamente para nosotros, todavía muy niña, pero sin duda alguna afinando cada vez más su razonamiento y análisis de todo lo que se dice y sucede a su alrededor. Esta semana me hizo dos preguntas acordes al momento que está viviendo: qué son los impuestos y qué es el machismo. La primera seguro será materia de otra columna, pero en ésta compartiré la reflexión que tuve con ella sobre la segunda, y una de sus todavía desafortunadas manifestaciones: el machismo de los deportes.

Las dos, al igual que varios de los análisis deportivos que se dieron a raíz del portentoso resultado de los colombianos en el Tour de Francia, particularmente el del increíble Egan Bernal, nos propusimos identificar al mejor deportista colombiano de todos los tiempos. Obviamente no sorprende que por el momento histórico del ciclismo se piense que es Bernal o Nairo, o que recién pasada la final de Wimbledon tuviésemos en la cabeza a Cabal y Farah, o que durante la Copa América y el Mundial de Fútbol se mencione a James o a Falcao. Sin duda todos ellos son unos extraordinarios deportistas y de pronto alguno ha sido el mejor de todos los tiempos. Sin embargo, pocas personas mencionan a aquellas deportistas colombianas que en sus correspondientes disciplinas han sido absolutamente fenomenales y que podrían merecer el título de mejor deportista del país, como Caterine Ibargüen, que ha ganado todo lo que se puede ganar en salto de longitud, altura y triple salto; Mariana Pajón en BMX, Sofía Gómez en apnea y la Chechi Baena en patinaje.

No obstante, mi hija entendió que el hecho de que no las recordemos tan fácilmente no es porque seamos machistas, sino porque el deporte como profesión y espectáculo es ante todo masculino. Todos los que siguen los deportes privilegian los masculinos sobre los femeninos. El fútbol, el ciclismo y el tenis, sin discusión, son los deportes más vistos en el mundo occidental. Por eso no sorprende que las jugadoras de fútbol hayan tenido que dar semejante batalla para sobrevivir este año y que a pesar de eso la final del Mundial femenino se haya disputado al mismo tiempo que la final de Wimbledon masculino; ni que a la rueda de prensa con la campeona del Tour de Francia, Marianne Vos, solo haya asistido un periodista; ni que hasta hace muy poco a las tenistas se les pagara muchísimo menos que a los hombres y, aunque han logrado alguna equidad, las finales de tenis femeninas siempre se juegan el sábado, el día anterior a la gran final masculina.

En conclusión, el deporte tristemente me fue útil para explicarle a Eloisa qué es el machismo. Hablamos también de lo que sucede en los colegios, donde los niños que no hacen deporte no son populares y muchas veces son incluso matoneados, y donde aún es más normal ver a las niñas acompañando desde la barrera a sus amigos hombres a jugar que protagonizando los eventos deportivos. Lastimosamente les estamos fomentando desde niños esta desigualdad. Es claro que el mundo que le está tocando a ella es mucho más justo y equitativo que en el que me tocó crecer y ni hablar del que les tocó a sus abuelas; sin embargo, vale la pena preguntarse por qué existen esferas, como la de los deportes, donde la batalla por la igualdad se sigue perdiendo.

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2019-08-07T00:00:52-05:00

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2019-08-07T00:15:01-05:00

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