Por: Arlene B. Tickner

Manufacturando la insurrección

La Cortina de Humo (en inglés, Wag the Dog) es una película de los años 90 que documenta la “puesta en escena” de una guerra por parte de Estados Unidos. La narrativa que se construye y se disemina con ayuda de los medios de comunicación incluye una canción patriótica, actos de agresión condenables, un héroe y una víctima, que en su conjunto actúan para despertar el sentimiento nacionalista, unir a la población en torno a una amenaza común y distraer la atención del escándalo público que enfrenta la Casa Blanca.

Guardadas las proporciones y haciendo la aclaración de que el gobierno de Maduro tiene que abandonar el poder si ha de haber transición democrática, el llamado al levantamiento cívico-militar en Venezuela pinta como una estrategia de “manufactura de la insurrección” en una coyuntura crítica en la que se estanca el impulso político de Juan Guaidó, decae la unión dentro de la oposición y se colma la paciencia de los venezolanos. El ingenioso guión incluye consignas como #OperaciónLibertad, promesas de una “fase definitiva para el cese de la usurpación” e “inminente liberación” del país, actores épicos —además del joven presidente autoproclamado, el líder opositor Leopoldo López y los militares de cinta azul—, un antagonista represivo y violento, víctimas que ascienden a los millones y el uso estratégico de redes sociales para constatar “en vivo y directo” el apoyo masivo de la población y la fuerza pública, así como el arrinconamiento de la dictadura.

En esta ocasión, la comunidad internacional no solo ha sido espectadora, sino partícipe activa. En el caso de los miembros del Grupo de Lima, el secretario general de la OEA y Estados Unidos, los pronunciamientos de apoyo irrestricto a la insurrección legítima y el llamado (de Colombia, específicamente) a que los militares y el pueblo se hagan del “lado correcto de la historia” han sido más enfáticos que la también insistencia en la no violencia, posición que ha asumido más notoriamente la Unión Europea. Aunque no hay indicio alguno de que una intervención extranjera directa esté en la mesa, si #OperaciónLibertad no surte el resultado prometido, que es lo más probable, y si aumentan la represión contra los civiles y la violencia, que ya se ve venir, se tornaría más factible la decisión de Estados Unidos de realizar acciones selectivas tales como ataques aéreos “quirúrgicos” o cibernéticos para afectar la capacidad de comunicación y coordinación interna del chavismo. La posición de Rusia en lo que viene es decisiva. Si bien el envío reciente de dos aviones de guerra y asesores militares activos evidencia un compromiso de aumentar su presencia en Venezuela, puede estar forzando una oferta más “aceptable” por parte de Guaidó y de Washington en cuanto a su participación en cualquier negociación de salida del poder de Maduro y garantías sobre sus inversiones petroleras, la cual aún no llega. Cuba es otra gran incógnita, toda vez que el endurecimiento actual de la política de Trump frente a la isla solo reforzará su determinación de no soltar a Venezuela. En el caso de China, país más pragmático y con objetivos más económicos que geoestratégicos, los acercamientos ya existentes con la oposición hacen pensar que esta podrá acoplarse a cualquier escenario que blinde sus intereses. Por ahora, y en contraposición a la narrativa de #OperaciónLibertad, lo único claro es que nada está definido.

 

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