Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Marañeros

Esta es una columna sobre todos los hombres jóvenes que trabajan cotidianamente como “marañeros”. Un marañero es el que se monta a un transformador de electricidad para conectar una casa, local o billar a la red, o para reparar una conexión vieja. A cambio, recibe un pago por parte de una familia o tendero, o, si el trabajo es grande, por parte de un barrio entero o un político local.

En Malambo, Soledad, Barranquilla, Ciénaga, Maicao o Riohacha. También en Villa Esperanza, Villa Concord, Villa Merlys, Villa Katanga, El Edén, Santa Inés, Villa Naty, Villa Armenia, Villa Jaime, Villa Keyner. Todos barrios clasificados por agencias del estado como “subnormales”. Es decir, aquellos que no cuentan con redes eléctricas de calidad.

Tras la venta de muchas de las empresas públicas de los departamentos del norte, nuevos propietarios u operadores privados se vieron encartados con estos barrios, en los cuales no podían cobrar ni instalar medidores. Como solución, la empresa Electricaribe (propiedad de la española Unión Fenosa) creó en 2003 una empresa paralela llamada Energía Social. El camino legal estaba abonado, pues en 2001 la Comisión Reguladora de Energía y Gas había reglamentado la prestación del servicio de energía en los barrios sin redes donde cada barrio por su cuenta sacaría la energía de un transformador y sería considerado como un solo cliente. Así, Energía Social pasó a ser “la única empresa colombiana que comercializa la energía eléctrica, exclusivamente para atender a las comunidades de barrios eléctricamente subnormales concentrados en la Costa Caribe”.

Aunque se puso en marcha el Programa de Normalización de Redes Eléctricas (Prone), que entrega fondos para la electrificación de barrios, este proceso ha sido lento y es recibido con altas dosis de desconfianza en las distintas comunidades. Se teme la llegada de nuevas deudas, de facturas altas, servicios oscilantes y de mala calidad.

La figura de los barrios subnormales normalizó la situación de muchos barrios nuevos y de otros no tan nuevos. La perpetua crisis del sistema eléctrico se volvió legal y, en ese sentido, la figura del “marañero” se incorporó dentro de la ley. Durante los últimos años, distintos grupos de vecinos, informativos barriales y grupos políticos locales han denunciado la electrocución de personas. Muchos de estos, hombres adolescentes o adultos, de menos de 30 años, que se encontraban manipulando la red. “Marañeros”. Por esto, frente a quejas de las familias y uno que otro reclamo por cuenta de medios locales (o del senador Robledo), Electricaribe/Energía Social responde que murieron debido a sus propias decisiones peligrosas, pues estaban robando luz.

Ante el dolor de las familias, las novias, mamás, hijos y abuelos, la empresa responde siempre con números: recordando que por las acciones de estos hombres, se están perdiendo 20, 30, 40 millones ¿Por qué se perpetúa esta situación? ¿Qué explica la indolencia de la empresa y los municipios, de los encargados de la salud pública, de la denuncia mediática? Puede que muchos piensen, desconfiando de los barrios populares costeños, que se lo merecen por buscar energía para oír música a todo volumen, hacer desorden, prender televisores. Y puede que la indolencia tenga que ver con otra desconfianza, hacia el hombre pobre y joven, en general, o el hecho de que en su mayoría son hombres negros. Entretanto, en los últimos ocho años se han registrado 529 electrocutados.

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