Marcha estudiantil para mi prima

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La marcha del pasado miércoles pasó cerca al colegio de mi prima de diez años. Con tambores y carteles unos jóvenes pedían al Gobierno Nacional, entre otras cosas, más dinero para educación.  Ella quería participar, ¿y cómo no? ¿Quién no quiere una mejor educación?

Por supuesto compartíamos el sentimiento, pero también teníamos una duda: ¿de dónde saldrá el dinero?

El Gobierno, como le he explicado a ella, solo puede aumentar ingresos de cuatro formas: subiendo impuestos, aumentando la explotación de recursos naturales, emitiendo deuda o imprimiendo papel moneda.

Estudiantes de esas mismas universidades marcharon hace poco en contra de aumentar impuestos; eso no parece ser lo que quieren. También son feroces opositores al fracking y a la minería; por ahí tampoco. La mayoría no cree que Venezuela sea un ejemplo a seguir, así que vía inflación o deuda descontrolada tampoco va la cosa.

Si no es con dinero adicional, toca sacar más recursos para la educación de otro presupuesto. Ahí me interrumpió mi prima con una pregunta bastante interesante:

—¿No podríamos sacar recursos de defensa y dárselos a la educación?

—Tal vez —le dije.

—¿Es mejor invertir en la guerra? —dijo indignada.

Queremos un país en paz para no tener que pagar las balas, tanques y aviones que usamos para combatir los grupos armados delictivos. Queremos poder usar ese dinero para otras causas, como la educación. Pero, mientras llegamos allá, poco le sirve a un niño del Catatumbo, una región con un aumento del 173% en homicidios el primer trimestre de este año, tener más dinero para educación si la comunidad está tan aterrorizada que los padres no mandan a sus hijos a estudiar.

Tampoco podemos creer que resolveremos el problema “tirándoles” dinero a las regiones para educación. Si los líderes sociales no pueden exigir resultados de esos recursos, si no pueden reportar abusos y corrupción o denunciar que son bandidos los que controlan la política en algunas regiones, enviar más dinero solo les da más poder a las mafias.

Queremos educación, prima, pero debemos ser críticos para lograrlo: suponer que el presupuesto de defensa es un presupuesto de “guerra” y que debemos satanizarlo es una idea facilista y peligrosa. Ese presupuesto paga a los soldados que protegen a nuestros líderes sociales, campesinos y todos los ciudadanos de los bandidos que los aterrorizan. No somos un remanso de paz para prescindir de la seguridad.

Mira, prima, invertir en el capital humano, de la manera más eficiente posible (así esta incluya a los privados), es de las labores importantes del Estado. Estudios del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo demostraron que Colombia es altamente ineficiente gastando el dinero público, por eso te apoyo pidiendo más recursos para la educación, ¡porque hay cómo!

Pero te invito también a exigirles a las universidades un gasto eficiente y al Gobierno que recorte todos los gastos ineficientes, innecesarios, no focalizados. No sólo tres billones adicionales para destinar a la educación, sino muchos más para bajar impuestos; otra causa por la que luchamos.

#EconomíaParaMiPrima

@tinojaramillo

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