Marcha por la dignidad y matrícula cero

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El pasado lunes estábamos conmemorando el 20 de julio, por causa del famoso grito de Independencia proclamado en 1810, a raíz probablemente de la anecdótica riña entre tres criollos: Francisco Morales Fernández y sus hijos Francisco y Antonio Morales Galvis, y el español José González Llorente. En verdad, más allá del suceso que registran los libros de texto y que cuentan maestros en miles de escuelas colombianas, el grito de la Independencia representó el despertar del pueblo mestizo que reivindicaba liberarse del yugo español. Ese mismo que bajo la esclavización de negros e indígenas acumuló riquezas y luego sumiría en la explotación a la naciente población mestiza.

En esta columna prefiero traer a colación las causas populares de la Independencia, más que las fiestas y toda la parafernalia que solemos presenciar cada 20 de julio, pues, en realidad, el grito de la Independencia era el grito del pueblo, de gente pobre y humilde por libertad, por justicia y por igualdad de oportunidades. Ese grito aún está vigente bajo otras circunstancias históricas y otro contexto social, está presente en la marcha por la dignidad que llegó a Bogotá el pasado lunes y que para muchos transcurrió como algo desapercibido. Esa marcha justamente está conformada nuevamente por gente del pueblo, por indígenas, afrodescendientes, mestizos desplazados por la violencia o víctimas del conflicto que aún no cesa en departamentos como el Cauca y en otros lugares de nuestra geografía nacional.

La marcha recorrió unos 22 municipios del país y aproximadamente 500 kilómetros desde Popayán hasta Bogotá. Esta pequeña pero significativa corriente humana llegó a la capital para denunciar los asesinatos de líderes sociales, el manejo de la pandemia, la crisis educacional, el incremento de la presencia de tropas estadounidenses en el país, entre otras cuestiones. Ese grito por la vida es muy importante en un país que lucha por la paz, que aún no es posible pese a los acuerdos firmados con las Farc en el 2016.

Según datos de Indepaz, entre enero y julio de 2020 fueron asesinados 166 líderes sociales, 7 familiares o relacionados con líderes y 36 excombatientes de las Farc firmantes del Acuerdo de Paz. El mapa de la muerte inicia con la mayor cantidad de casos en el Cauca y se extiende por Antioquia, Putumayo y otros departamentos.

Hoy más que nunca debemos luchar por la paz en nuestro país, luchar por la vida, esta no es solamente vulnerada por la amenaza del coronavirus, sino también por la muerte sistemática que ha regido nuestro país por décadas, debido a un Estado poco eficiente en la defensa de la vida y a la incapacidad de los distintos gobiernos para construir un país más justo, incluyente y solidario.

La palabra independencia está formada con raíces latinas y significa “acción y efecto de no estar bajo la voluntad de otro”. Es decir que también podemos llevar a cabo una reflexión filosófica de esta palabra en los tiempos de crisis que vivimos, además de hacer memoria de la historia. En este sentido la educación es un proceso creativo para la construcción de la autonomía, un ejercicio de empoderamiento con el saber científico, humanístico y cultural, constituye así un acto de independencia que, a su vez, puede contribuir a la independencia de nuestro país del yugo de la ignorancia también generadora de la desigualdad social, de la violencia, de los inacabados derechos sociales como educación, salud y trabajo.

Justamente esta época de crisis sanitaria, social y ambiental generada por el COVID-19 ha puesto de presente aún más las grandes desigualdades sociales que vivimos. Crisis que también se expresa en nuestra institución con la imposibilidad de generar recursos propios que han sostenido parte del funcionamiento de nuestra universidad, pues los recursos que brinda la nación no superan el 60% del presupuesto de la institución. De esta manera, la universidad sostiene con recursos propios los pagos de personal y funcionamiento.

Pese a la difícil situación financiera de nuestra institución por falta de recursos, hemos emprendido acciones para apoyar a nuestros estudiantes con bonos alimentarios, auxilios a estudiantes en movilidad internacional, apoyo a estudiantes que tienen hijos en la Escuela Maternal, gestión de mercados, compra y distribución de tablets, ampliación de pagos y fraccionamiento de matrícula. Todos estos esfuerzos aún son insuficientes, actualmente hay 755 estudiantes que no han podido pagar sus matrículas en el 2020-1, y para el 2020-2 la situación puede empeorar.

Aunque, de los $95.000 millones destinados por el Gobierno para auxilios educativos, $1.710 millones serán entregados a la Universidad Pedagógica, las matrículas de los estudiantes en nuestra institución al año están por encima de los $9.000 millones. En tal sentido apoyamos las reivindicaciones estudiantiles de matrícula cero, para juntar recursos de la nación, del Distrito y el departamento para lograr financiar la matrícula de nuestros estudiantes en el 2020-2, como ya lo han logrado varias universidades públicas del país.

Que la fiesta del 20 de julio se transforme en mayor apoyo del Estado para la educación superior pública, lo cual sería una clara muestra de apoyo a la formación de los futuros maestros de la patria.

* Rector, Universidad Pedagógica Nacional.

@LeoMartinezUPN

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