Por: Pablo Felipe Robledo

Marchar, marchar y marchar

El día de mañana se llevará a cabo una de las marchas más importantes de la historia reciente del país, en la que saldrán a protestar a las calles millones de personas ante el descontento generalizado por el gobierno del presidente Duque.

Los sistemáticos errores cometidos en estos 15 meses por parte del presidente lo han llevado a tener una popularidad por debajo del IVA, como diría el propio Duque, otrora senador de la oposición, refiriéndose burlonamente al gobierno de Santos. Con una popularidad en el piso y una opinión desfavorable del 69%, el margen de acción de Duque cada día se reduce más, a lo que él contribuye enormemente con sus diarios errores por no saber ni gobernar, ni tener la capacidad para leer al país.

La semana pasada, habiendo recibido el CD y el Gobierno el contundente mensaje de reproche que le envió la ciudadanía en las elecciones regionales de finales de octubre, el presidente Duque decidió jugarse dos cartas de novato refugiándose en el uribismo más radical para nombrar a Carlos Holmes Trujillo como ministro de Defensa y reencauchar a Claudia Blum como canciller, quien ya se nos había olvidado que existía. En vez de gobernar diferente, decidió darnos más, más y más de lo mismo.

Esa chambonada política nadie la ha entendido y mucho menos asimilado. Nadie vio en esos nombramientos algún destello de sagacidad. Hasta los uribistas moderados o duquistas, si es que algo de esto queda, están inconformes con el Gobierno, pues creen haber confirmado que terminaron votando por el que Uribe dijo y solo por el hecho de que Uribe lo dijo. Han entendido que Duque, no solo llegó muy joven a la Presidencia, sino además provisto de una gran inexperiencia que lo ha llevado a tener serios problemas de aprendizaje en este período de prueba que ya suma 15 meses, quizás el más largo concedido a trabajador alguno en Colombia.

Por esta razón es inevitable la marcha del #21N, por más esfuerzos que pretenda hacer el gobierno Duque para evitarla; por más mentiras que pretenda meter; por más hechos o cifras que pretenda desvirtuar; por más miedo que quiera infundir; o por más Foro de Sao Paulo que pretenda invocar.

Es imposible pensar que la ciudadanía, ante tanto desconcierto por un mal gobierno, decida no marchar. Todo lo contario, la gran mayoría lo hará pacíficamente para legitimar el ejercicio de sus derechos democráticos y la búsqueda de reivindicaciones sociales necesarias para que este país cambie y despierte, y por qué no, para que dejemos de votar por quien Uribe dice.

Debo insistir, insistir e insistir como lo hice la semana pasada, que resulta inconsecuente la actitud de Duque, Uribe, M.L. Ramirez, Macías, Paloma, Cabal, Mejía y otros, de atemorizar a los colombianos con las marchas, cuando ellos mismos en el pasado las propiciaron desde la oposición invitando a tumbar al presidente Santos.

Finalmente, la invitación es a marchar, marchar y marchar pacíficamente, en forma multitudinaria, pero con un propósito más noble que tumbar al presidente Duque, pues bastaría con incentivarlo a que gobierne bien y para todos los colombianos.

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