Por: Aura Lucía Mera

Marchons... marchons...

NUNCA SE HABÍAN UNIDO DE ESTA manera La Marseillese y el Himno Nacional colombiano... Unidos a través del dolor, del crecimiento espiritual, de la dignidad y la claridad mental de una mujer, símbolo de nuestra gran tragedia nacional: la privación de la libertad, secuestro de seres inocentes, civiles, militares y policías, mujeres y hombres encadenados, agarrados a mansalva, torturados y vejados en campos de concentración, cambuches y campamentos de la selva y las montañas.

Todos los colombianos, residentes en cualquier vereda, rincón, pueblo o ciudad de cualquier parte del mundo debemos salir a marchar para entonar el himno a la libertad de los que todavía permanecen atrapados en la ignominia y rechazar a gritos, con banderas patrias y blancas a estos forajidos de las Farc, Eln, y demás “grupos revolucionarios” que prefirieron cambiar sus primarias y fanáticas ideologías de “lucha armada en pro de la patria” por el tráfico de drogas, la sangre, las torturas y el terror.

Que habitan, como dijo Íngrid en uno de sus reportajes a la prensa “en el planeta de los simios”, pero de simios feroces sedientos de venganza, atrapados en las lianas oscuras de sus rencores, rodeados de serpientes que destilan venenos inconfesables, alejados de la realidad, desconocedores de los más elementales principios de ética o cualquier valor moral, fundidos en una orgía sangrienta, enloquecidos por el amor a las armas, a la droga, al dinero fácil y a la prostitución de cuerpos y espíritus que nacieron para ser libres, y me refiero a esos adolescentes, niños y niñas que reclutan a la fuerza, bajo amenazas de muerte y utilizan a su antojo para satisfacer sus instintos salvajes en todas sus manifestaciones. Estos jóvenes también están secuestrados.

Privados de su juventud, privados de su derecho a vivir, obligados ellos mismos, con cadenas en el alma a vigilar a los otros cautivos en una extraña relación espejo en que viven atados a la misma suerte pero del lado opuesto del cambuche. Por ellos también marchemos. Pidamos unidos para que se acabe de una vez por todas esta horrible noche en que hermanos campesinos son sometidos por pocos “mandos” a matar y plagiar sus otros hermanos, manipulados ellos también por las mentiras ideológicas de sus jefes.

Que se pudran en cárceles nacionales o extranjeras todos los Césars, Gafas, Canos, Jojoys y demás simios camuflados de humanos, por cuyas venas corren líquidos viscosos de veneno y plomo, cocaína y opio. Que encuentren la libertad también los jóvenes guerrilleros atrapados en sus redes. Campesinos arrancados de su tierra para matar a sus hermanos, condenados a atascar sus pulmones en las “cocinas” de droga, a nutrirse de ácido sulfúrico y vapores mortales, liberar a esas jóvenes usadas como objetos sexuales de los “machos” armados. Que el infierno sí exista, ad aeternum para los simios que ya se fueron de esta tierra. Los Reyes, los Tirofijos, el de la mano cortada, y todos los que los precedieron.

Marchemos unidos el 20, marchemos con júbilo, celebrando la libertad de algunos hermanos, con gratitud por nuestras Fuerzas Armadas, pero marchemos también con la rabia en el corazón –parodiando a Íngrid– exigiendo la libertad de los hermanos que quedan, y por la libertad de los jóvenes campesinos obligados a militar en una narcoguerrilla contra su voluntad.

“Liberté , Egalité, Fraternité”. “Si el sol alumbra a todos, Justicia es Libertad”.

P.D. Respecto a los “parapoliticos” del Valle, sólo tengo que decir: “árbol que nace torcido nunca su rama endereza”. “Que Dios nos bendiga”.

 

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