Marco Fiscal de Mediano Plazo

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Con base, en especial, en las dos referencias que aparecen al finalizar*, enumero cinco proyecciones económicas que contempla el Gobierno en su Marco Fiscal y concluyo con unas breves anotaciones sobre la nueva reforma tributaria que nos apremia. Me declaro pesimista, mas no determinista, sobre los cinco numerales a continuación.

1. Reconozco que los supuestos de este Marco son muy razonables, puesto que emplearon en sus cálculos un precio del petróleo Brent entre US$35 y US$40 por barril y una tasa de cambio por debajo de los $4.000/dólar. Pero no me tranquiliza el Gobierno con su anuncio de descartar una moratoria en los pagos de nuestra deuda externa, ni con sus intenciones de no acudir al Banco de la República para eventuales préstamos.

2. El déficit fiscal se presenta cuando los gastos realizados por el Estado superan sus ingresos, excluyendo los ingresos financieros. Este déficit crecerá y llegará en 2020 al 8,2% del PIB. Pero al incluir los déficits de las regiones se elevan estos al 9,2%, o sea, estamos enfrentando déficits del orden de los $90 billones/año. Para 2021 se proyecta un déficit fiscal del 6,1% del PIB. La Regla Fiscal espera optimista el retorno de este déficit por debajo del 2% en 2022.

3. El coronavirus ha profundizado la caída en nuestros ingresos tributarios y en la renta petrolera, lo cual nos obligará a comenzar a pagar un endeudamiento asfixiante a finales de 2020, se avecinará este al 66% del PIB. Recordemos que la banca internacional empieza a dificultar sus préstamos para los deudores con endeudamientos sobre el 40% de su PIB.

4. Para este año, prevé el Fondo Monetario Internacional una caída sin antecedentes del crecimiento de nuestra economía, del elevadísimo 7,8% del PIB. Pero nuestro optimista Gobierno proyecta una expansión, un rebote, un crecimiento cercano al 6,6% durante los próximos dos años.

5. Tanto el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, como su viceministro, Juan Pablo Zárate, advierten que una vez superemos la pandemia, se requerirá una reforma tributaria que recaude recursos cercanos al 2% del PIB, o sea, pavorosos $20 billones, monto este de recaudos muy cercanos a la suma de las tres últimas reformas tributarias. Otro viceministro de Hacienda, Juan Alberto Londoño, añadió que el Gobierno ya contempla una enajenación de bienes del Estado para recoger unos $12 billones. ¿Vender Ecopetrol e ISA, quizá?

Características generales de la nueva reforma tributaria. Para quien comenta, Colombia tiene que convertirse en un país más competitivo y legislar en forma más inteligente. Para lograrlo, debería el Gobierno reducir sus gastos en subsidios a la pobreza y al desempleo cercanos a los $90 billones por año para dirigirlos a crear más empleos formales.

Sí, legislar en forma más inteligente, más solapada o astuta, a la manera de México, Estados Unidos y Canadá, quienes entre sus subsidios para los agricultores ocultan las exenciones tributarias sobre sus inversiones para mejorar las dotaciones en sus fincas y sobre el valor de sus exportaciones. Esto, sin contar con los subsidios directos, no velados y no inferiores al 10% que les otorgan a sus granjeros sobre tales exportaciones.

Sí, debe Colombia legislar y gobernar en forma más realista. El coronavirus encontró nuestra economía debilitada, retrasada por los dólares baratos del narcotráfico, desindustrializada, importando el 30% de su consumo de alimentos cultivables en el país, con un desempleo que ya marcha hacia el 20% y conviviendo con unos cultivos de coca protegidos por la prohibición de una fumigación aérea efectiva.

Considero necesario elevar más los impuestos tanto sobre el consumo, como sobre los empleados y los jubilados de elevados ingresos, para poder gravar menos al empresario, al emprendedor. “Porque sin empresarios no hay empresas, sin empresas no hay empleo, sin empresas no hay impuestos y sin empleo no hay paz social”.

Ejemplo de un error grave de nuestra legislación tributaria que ojalá no agraven ahora. Asumamos que un pensionado paga su arrendamiento y sus gastos vitales con su mesada. Que posee $5.000 millones líquidos e invertidos sin mayores riesgos a una tasa del 4,5%/año. A mayor tasa corresponde mayor riesgo, por lo general. Este pensionado tributa hoy al 1% sobre los patrimonios líquidos iguales o mayores de $5.000 millones. El poder adquisitivo de la inversión del jubilado se reduce a razón del 3,5% por año por culpa de la inflación.

En suma, a este pensionado se le reduce su rentabilidad a 4,5% - 3,5% - 1% = 0% por año. Este capital se estanca, no renta nada, no se aumenta. Mejor dicho, nuestro jubilado ahorró para pagarle impuestos al Gobierno. Y pregunto: ¿se les justifica acaso a los jubilados ricos marcharse hacia un país sin impuestos confiscatorios?

* Referencia 1. El Espectador, autoría de su redacción económica: Marco Fiscal de Mediano Plazo contempla déficit fiscal del 8,2% para 2020. Excelente resumen.

* Referencia 2. Minhacienda: Gobierno confirma que será necesaria una reforma tributaria.

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