Por: Luis Eduardo Garzón

Márgenes de error

SALVO LOS URIBISTAS JUAN MAnuel Santos y Sergio Fajardo, los demás referentes de opinión aparecemos en la franja de márgenes de error.

Es cierto que las encuestas son más de emoción que de opinión pues lo que reproducen es una fotografía del momento y nada garantiza que sea sostenible. Pero esta afirmación puede aparecer como pataleta de minoría, tal como también puede suceder con los que viven cuestionando la legitimidad de ellas. Yo no pongo en duda nunca sus resultados. Tampoco me vuelvo rehén de ellas. La ‘Operación Jaque’ afortunadamente le da un claro golpe al secuestro como forma de acción política y económica, pero para nada me hace cambiar de opinión sobre una agenda que sigue siendo absolutamente válida, así hoy sea un mundo lleno de escepticismo.

El acuerdo humanitario, la negociación política como parte de un proceso de paz, la defensa de la institucionalidad y de la Constitución del 91, el respeto a las decisiones de la Corte Suprema de Justicia y el no a la reelección, son aspectos inherentes que he defendido durante todos estos años y ahora por culpa del unanimismo uribista, no me voy a bajar de ellos. Más cuando esas mismas encuestas, también consideran que la prioridad de los colombianos ya no es la confrontación a las Farc, sino que lo apremiante es la lucha contra la pobreza y las preocupaciones sobre la economía. Entre las dos llegan a un 72% de colombianos angustiados por ello. Y en Bogotá lo hicimos. Mientras el Gobierno Nacional invertía sólo un 17% de su presupuesto, nosotros un 76%. Y eso permitió, entre otros factores, reducir la pobreza y la indigencia. No sólo de guerra vive el hambre. Esto sí puede ser una nueva edición de hecatombe. Y si a eso le agregamos un pacto por la decencia para hacer política, eso sí sería demoledor para demostrar que lo de hoy se asemeja a un Alka Seltzer, mucha efervescencia y poca consistencia. Alguien tiene que ser capaz de derretir el ícaro.

Lástima que Íngrid Betancourt se autoexcluya del 2010 en la eventualidad de una reelección. En la línea de que el presidente Uribe no aspire a un nuevo mandato, ella será fundamental en una propuesta ganadora de Gobierno. Pero, en este bloque no comprometido con la reelección, hay unos personajes de lujo que nadie puede impugnarlos y así tengan indicadores pichurrios en la opinión, son ejemplos de coraje y de gestión.

La ética de Carlos Gaviria, la valentía en la denuncia de Gustavo Petro, la mirada de Estado de Rafael Pardo, el rigor jurídico de Alfonso Gómez Méndez, la sapiencia económica de Cecilia López, la coherencia de Antanas Mockus y el talante democrático de Juan Camilo Restrepo hacen posible que, entre otros y otras, existan liderazgos que no tienen rabo de paja y que seducirían a un electorado que quiere seguridad, pero también el derecho a  tener certezas para comer y a unas reglas de juego que no se están cambiando en beneficio de una persona.

Pero para ello se requiere de una sola candidatura, pues hasta ahora la no reelección es una sumatoria de debilidades y no una verdadera correlación de fuerzas. Propuse el To-con-re, afirmando que el Partido Liberal preste la casa, pero si hay otra fórmula donde todos quepan, bienvenida. Esta no es la hora de ahogarnos en nuestros propios nichos. Aquí no estamos buscando ser alternativa de oposición sino de Gobierno. Si es para la primera, es mejor ser abstencionista. Y en esa lógica terminaríamos pareciéndonos a las Farc. Otro papayazo más para que nos impugnen.

Soy especialista en márgenes de error. En las elecciones presidenciales de 2002, con un mensaje de reconciliación le ganamos a Noemí Sanín, inmensa favorita en las encuestas. Y para la Alcaldía demostramos que Bogotá era una linda Versalles que escondía una dramática Calcuta. Y la ciudadanía logró lo imposible, derrotar el referendo de 2003 y al candidato que aparecía prácticamente nombrado pero que no fue elegido.

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