Por: Aura Lucía Mera

María Elvira

Récuerdo como si fuera ayer, recién graduada, con las mejores notas de los Andes en filosofía, llegó a mi oficina de Círculo de Lectores.

Yo coordinaba para ese entonces el Primer Concurso de Cuentos Infantiles. Era la primera vez en Colombia que se les daba la palabra a los niños. Llegaron más de cinco mil historias y para el libro se escogieron los 12 ganadores, editando uno con ilustraciones originales de Fernando Botero, Alejandro Obregón, Enrique Grau, Lucy Tejada, Mario Gordillo, entre otros.

Llegó María Elvira como una ráfaga, como es ella, y me dijo que quería vincularse a Círculo. A los pocos días estaba trabajando en el área editorial internacional. Luego su viaje a Europa. Aprendiendo a volar solita, a comprobar que el mundo es ancho y ajeno. Posteriormente Belisario Betancur la nombró directora del Museo del Oro y se sucedieron después las vinculaciones a Cambio, Cromos y El Espectador. Viajamos juntas a las Islas Galápagos en un congreso internacional de Círculo de Lectores.

María Elvira y su eterna búsqueda. Toda su energía dedicada al periodismo sin ataduras. Una búsqueda, repito, casi dolorosa por la verdad. Así pasó, dejando su huella en todas partes.

Fue la gestora, la que parió KienyKe, la primera revista virtual en Colombia. La pionera. La revista digital que fue agarrando fuerza con el tiempo. Por sus páginas editoriales han pasado los mejores periodistas. Esa mezcla de seriedad en el contenido, el destape de ollas podridas, de confidenciales, logró hacer una revista con miles de suscriptores, visitantes, de consulta frecuente de los periodistas de periódicos, porque siempre contenía algo nuevo, que todavía nadie había escarbado. Recuerdo a María Elvira haciendo de fotógrafa, en acontecimientos importantes, buscando las imágenes de las “personalidades” en los lugares más dispares. Siguiendo con olfato de sabueso la parte humana o la escondida de muchos actores de la política, la farándula, el narcotráfico o la delincuencia.

María Elvira, incansable, insaciable. Vertical. A veces molesta e incómoda para muchos. Otras, premiada y halagada. Muchas veces incomprendida. No sé por qué, guardando las distancias y los lugares, me recuerda a la poetisa sudafricana en los tiempos del Apartheid, quien volvió a ver la luz inmortalizada por Nelson Mandela en su discurso inaugural cuando terminó esa horrible noche segregacionista.

María Elvira renuncia a su maternidad periodística. Prefiere hacerlo antes que hipotecar su verticalidad. Decisión dolorosa, tajante. Personalmente la respeto. Esto marcará un antes y un después en KienyKe. Pocas personas, sobre todo en Colombia, donde nadie renuncia para no hipotecar sus principios. Volverá a alumbrar con luz propia en otro faro. Por el momento su ausencia deja un gran vacío.

Además, es cierto. Pacific Rubiales, con su propaganda distorsionada, pretende vendernos la idea de que “Pacific Soy Yo”, mientras se apropia de nuestro oriente y nosotros permanezcamos callados. Cómplices. A Pacific Rubiales le recuerdo. Existen todavía cosas que no se pueden comprar. María Elvira, buen viento, buena mar.

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