Por: Columnista invitado

Marihuana de punta

Por: Alberto López de Mesa

Acabo de conocer el cigarrillo de marihuana que produce la Philip Morris, según dicen, un éxito de ventas en Seattel.

Aquí en Colombia, gracias a que la senadora Vivian Morales, el ex procurador Alejandro Ordóñez, su séquito y la caterva de moralistas recalcitrantes han estado ocupados cazando brujas entre los ideólogos del LGBT y los defensores de los acuerdos de paz con las Farc, ha logrado florecer y prosperar una cultura cannábica en varias ciudades.

Desde los tiempos del hipismo se hizo popular la hoja palmeada como un ícono simbólico en estampados, calcomanías, collares y accesorios para ambos géneros. Hace poco conocí a un pintor que elabora sus cuadros con los papelillos sepias que da la chicharra después de fumado el cacho. También a una artesana que extrae el cáñamo de las ramas de la mata y con ello fabrica monederos y cinturones de buena factura.

Ya es común el cultivo casero de plantas de marihuana y la divulgación de métodos eficientes de siembra, así como las cualidades de una y otra variedad colombiana. No es extraño que en balcones y en jardines interiores, la otrora hierba prohibida, luzca como una planta ornamental y como abastecimiento personalizado para el consumo recreativo, en privado, claro está. Lo cual, por cierto, es más sano, ya que la bareta que se compra al jíbaro callejero se almacena de mala manera: la orinan los roedores, se le encuban los insectos, cultiva hongos y los consumidores terminan metiendo a sus pulmones sustancias non santas.

Igual de interesante resulta el auge de la medicina cannábica, en cuyo desarrollo participan, con el mismo entusiasmo, homeópatas, alópatas, vendedores de específicos y curanderos empíricos. Ya son vox pópuli las virtudes medicinales de la marihuana y, de hecho, hay pomadas para todos los reumatismos y para la artritis; infusiones para la tensión y para la buena circulación, y gotas para la sinusitis. La mayoría de estos productos cuentan con licencias de INVIMA y/o certificados y distribuidos por sociedades médicas y farmacéuticas. También hay repostería y perfumería.

Mejor dicho, la marihuana ya está siendo de la canasta familiar y muy pronto aparecerán cafés cannábicos, donde se pueda departir la aromática, el té, el licor y toda suerte de productos que inspirará la diosa de cabellos de oro, como le decía Barba Jacob. Seguramente habrá espacios furtivos donde se pueda fumar hierba buena.  Ojalá el negocio no quede en manos solo de la Philip Morris y en los bares de los judíos. 

* Arquitecto y habitante de calle. 

Buscar columnista