Por: Manuel Drezner

Marin Alsop en Bogotá

La ilustre directora de orquesta Marin Alsop ha sido considerada por un crítico la mejor mujer que haya desempeñado ese difícil oficio en la historia de la música. No solo ha dirigido las más importantes agrupaciones, sino que sus numerosas grabaciones han sido elogiadas, lo cual demuestra que se trata de una figura importante y por eso su visita a Bogotá, al frente de la Orquesta Nacional Juvenil de Estados Unidos, fue un auténtico suceso musical, en el cual Marin Alsop mostró que la fama de la que venía precedida era justificada, ya que sus versiones, en especial de la Sinfonía primera de Mahler, no solo fueron ajustadas, sino que mostraron compenetración con las obras y capacidad de comunicar. Igualmente dirigió una corta travesura de John Adams, con el título de Breve viaje en una máquina rápida, que describe la sensaciones de estar en un carro de carreras, y un estreno de Gabriela Lena Frank, un poema orquestal hecho sobre la base de tradiciones peruanas, que mostró ser pieza agradable así no tuviera mucha profundidad.

La orquesta que dirigió Marin Alsop es un interesante experimento, ya que no se trata de formar músicos, como sucede con iniciativas del estilo de Batuta o El Sistema venezolano, sino de resolver un problema. Para muchos jóvenes, graduados de conservatorios, así hayan tenido las mejores calificaciones les es difícil entrar a formar parte de orquestas, por su falta de experiencia laboral, y no logran esa experiencia laboral sin haber trabajado antes. Anualmente se escogen los más brillantes alumnos avanzados de conservatorios para conformar esta orquesta y así darles esa hoja de vida que tanto les va a servir después. Distinguidos directores, como Alsop y grandes solistas colaboran con esa iniciativa y así dan un importante impulso inicial a los futuros artistas. Quiere eso decir que quienes componen esta orquesta (que cambian cada año) son la flor y nata de los egresados de escuelas avanzadas de música y eso explica su calidad. Claro que no hay la compenetración y finura de una orquesta veterana, pero lo cierto es que los resultados son de buena altura musical. Como se trata de muchachos, ninguno de los cuales ha llegado a los veinte años (condición para participar en el concurso organizado por Carnegie Hall, donde los escogen), el oírlos en tan buen desempeño tiene algo de emocionante.

Solo falta por agregar la extrañeza al comprobar que, por razones misteriosas, muchos de los amantes de la música capitalinos se privaron de asistir a este concierto, que ciertamente fue de altura y que además contaba con la presencia de Marin Alsop, una importante figura dentro de los intérpretes de nuestros tiempos. Realmente, se lo perdieron...

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