Por: J. William Pearl

¿Marino?

Se habla  de dos popeyes, uno bueno y otro malo. El primero fue creado en 1929 y buscaba hacer reír, y  el colombiano, quien admitió cometer cerca de 300 homicidios e innumerables delitos. Algunos celebran la muerte del último y otros no lo hacen. ¿Es correcto celebrar?

Alias Popeye, bautizado como Jhon Jairo Velásquez Velásquez, se hizo tristemente célebre por trabajar para Pablo Escobar como sicario. Popeye venía  de un hogar bastante pobre. A la corta edad de 11 años comenzó a delinquir transportando marihuana dentro de  su bicicleta. A los 14 años adquirió su primer arma de fuego en el mercado negro, la  que alquilaba para que otros  delinquieran. Consiguió un trabajo de escolta con una de las  amantes de Pablo Escobar y cuando estos terminaron la relación, Popeye fue a  buscar a Escobar y le manifestó  saber dónde estaban ubicadas algunas de sus  caletas,   diciéndole que tenía dos opciones:  matarlo o emplearlo. Así empezó su carrera al lado de Escobar y su organización criminal en donde Popeye, entre otros hechos, secuestro a Andrés Pastrana, fue responsable del secuestro de Francisco Santos, de la bomba al DAS y de la muerte de Luis Carlos Galán.

Colombia presenta diferencias económicas muy marcadas, esto hace que algunas personas escojan el camino del dinero rápido sin pensar a fondo en qué se involucran. Muchos escogen esa vía pues poco les importa morir  jóvenes, pero haber vivido con lujos y por supuesto corriendo grandes riesgos.

Afortunadamente no todas las personas en esa situación piensan así, de lo contrario la sociedad sería aún más complicada.

Popeye era un personaje tan complejo que asesinó por orden de Pablo Escobar a su  propia novia, claro que ella estaba trabajando para la DEA, pero en lugar de que alguien diferente lo hiciera, lo hizo él mismo y eso habla de lo que él era un hombre sin sentimientos.

Durante el poco tiempo que estuvo en libertad buscó hacerse más celebre. Ya lo era  por sus crímenes y pensó erróneamente que las personas olvidarían su pasado delictivo, esto en verdad nunca sucedió, y especuló erróneamente que la sociedad dejaría de lado todo el mal que hizo.

De otro lado, el General Eduardo Zapateiro, comandante del Ejército, lamentó su muerte. Lástima que lo hubiera hecho públicamente, sobró el imprudente comentario ya que se perdieron muchas vidas del Ejército, Fuerza Aérea, la Armada y sobre todo de la Policía, además de los civiles, lo que hace muy difícil entender su acotación.

Es apenas natural que algunos celebren su muerte, pues el dolor que causó fue enorme.  Una muy larga vida en prisión hace parte de pagar la culpa por los delitos cometidos y solamente pagó 23años de cárcel por estos. Para muchos, murió joven, sin libertad pero joven.  

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