Por: Iván Mejía Álvarez

Mario y James

James tiene 22 años, Mario cumplió los 38. Los separan 16 años pero los identifica un sentimiento de gloria.

A James le queda un mundo por delante mientras que Mario Alberto todavía recuerda aquel día que debutó con la casaca de la selección ante Uruguay, vaya curiosidad, con un 2-2. James mira la avenida del futuro y Mario vive su presente, los dos con igual intensidad, respeto profesional y, sobre todo, con una actuación consagratoria en Brasil 2014.

Este chico James no tiene límite, su futuro es impredecible y depende sólo de él, de su profesionalismo hasta ahora inalterable, porque condiciones le sobran. El mundo del fútbol está maravillado con su presencia, sus goles y fundamentalmente con su juego. Cabeza arriba, atrevimiento y osadía para encarar, amagar y eludir, campeón del engaño y el regate corto, James ha dibujado tres maravillosas joyas durante el Mundial.

La forma en que se levantó y le ganó a Drogba en el salto frente a Costa de Marfil es increíble. Didier le lleva 15 centímetros y el cucuteño lo aventajó en el salto y su golpeo fue preciso, meticuloso, como indican los cánones. Después contra Japón marcó un gol exquisito, delicioso, por la manera en que remató la jugada con un toque sutil, anticipándose una milésima de segundo al arquero y levantándosela. Y esta pintura del sábado contra Uruguay, ese golazo, el mejor del Mundial, sólo lo consiguen los superdotados. Desde que la pelota venía enviada por Aguilar ya James había decidido qué hacer. El resto fue artesanía de orfebre maestro. Control con el pecho, remate colocando el cuerpo en posición, golazo del mejor jugador de Brasil, un monstruo colombiano que no conoce el techo, que galopa por el futuro de los gigantes.

Mario es otra cosa. Mario es un canto a la labor cumplida. Regaló dinero firmando por el Atalanta por tener continuidad y poder jugar el Mundial. Los días le dieron la razón pues ha hecho un Mundial 10 puntos, ganándonos a todos los que teníamos dudas sobre su presente mundialista. Impasable por arriba, batiéndose como un león contra Costa de Marfi, dominando el área y poniendo condiciones frente a Uruguay, donde se devoraron entre él y Zapata a Cavani y Forlán. El inmenso capitán ha brindado un recital de entereza, personalidad, coraje y juego.

James es el futuro, no tiene límites y ya está entre los tres mejores jugadores de la historia del fútbol colombiano, con pinta de ser el referente total. Yepes es el mejor defensor central que ha tenido el fútbol colombiano en toda su historia. Un brindis por el futuro y el presente.

 

 

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