Por: Aura Lucía Mera

Martes 7

Si fuera martes 13 me asustaría. Pero martes 7, aunque tiene sus leyendas cabalísticas y sus misterios, tampoco es para salir corriendo y pagar escondite a peso. Lo único cierto es que hoy Colombia tiene un nuevo capitán y depende de él, y solo de él, el rumbo que le dé a la nave. Parece una perogrullada, pero no lo es.

Colombia cambió en estos ocho años del gobierno de Juan Manuel Santos y no tiene marcha atrás. Gústeles o no a los colombianos. Y estoy segura de que si no fuera por la oposición rencorosa, fundamentalista e irracional de su antecesor, los logros hubieran sido muchos más y habríamos vivido ocho años sin polarizaciones extremas y sin tantas noticias falsas ni amenazas que desgastaron al país inútilmente.

Los acuerdos de La Habana no tienen reversa. Tampoco los avances en salud, cultura, comunicaciones, vías y empleo. Juan Manuel Santos sale con la frente en alto. Supo manejar con dignidad los ataques demenciales de una oposición absurda, orquestada por un político cuestionado en muchísimos aspectos y que no tiene el menor reparo en seguir obstaculizando el desarrollo del país.

Iván Duque, desde hoy, es el actual mandatario. Me gusta su gabinete, más técnico que político. Sus áulicos no deben estar muy satisfechos con las “cuotas” que recibieron... esto se sabrá más adelante. Me preocupan los que se esconden detrás del trono, los rasputines de turno. Estos no lo dejarán ni a sol ni a sombra y seguirán intrigando mientras puedan.

Mientras puedan, repito. Es la palabra clave. Porque todo depende de la capacidad de gobernar del nuevo mandatario. Llega al poder en un momento crucial para el país. No se trata como antaño, con el Frente Nacional, en que cada cuatro años se turnaban el solio y lo único que resultó fue una burocracia salvaje que acabó con Telecom, Puertos Nacionales, la Flota Grancolombiana, el Seguro Social, instituciones que no pudieron con la carga laboral estatal que aumentaba como un tsunami imparable.

A Iván Duque le espera un país duro, que ya no comulga con ruedas de molino, que está hastiado de sangre, violencia, mentiras, corrupción. Un país que quiere mirar hacia otros horizontes, un pueblo que ya siente en sus veredas un aire de paz, a pesar de que los paramilitares andan boleteando de nuevo. Un país trabajador que quiere progresar. Un país que no quiere volver al glifosato ni a la represión. Un país que quiere seguir recuperando su dignidad y que ya vislumbró una senda diferente.

Le deseo al nuevo presidente suerte; pero, ante todo, le deseo que gobierne para todos los colombianos; que pueda desligarse de su mentor; que muestre independencia en sus decisiones. Su juventud y falta de experiencia dentro de esa caterva de buitres será un desafío grande. Pero tiene que pensar en más de 40 millones de colombianos. También tiene la ventaja de no estar muy contaminado. No se deje salpicar.

Ganó la Presidencia gracias a circunstancias muy particulares. Ya le llegó el momento de tomar el timón. Con firmeza, pero con objetividad. Con metas a largo plazo. Sin dejarse manosear. Sin espejos retrovisores ni cortinas de humo que le nublen la visión.

Martes 7. ¡Cabalas y misterios! Un buen día, con su magia y sus secretos, para iniciarse en el desafío como capitán.

Posdata: al equipo del presidente Santos, de nuevo, ¡Gracias! Alejandro Gaviria, Germán Vargas Lleras, Óscar Naranjo, Mariana Garcés, María Ángela Holguín, Diego Molano. Ministros estrella que se la fajaron por Colombia.

 

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