Más allá de la vigilia por el Tapón del Darién

El artículo “Polémica por vía en Tapón del Darién” (El Espectador, IV-3-2009) no es más que un refrito que puso en evidencia la desinformación que tiene el redactor sobre lo que pasa con la conexión vial entre Colombia y Panamá.

Igualmente que en el editorial “En vigilia por el Tapón del Darién” (IV-6-2009), son palmarias las omisiones sobre las conclusiones de los estudios económicos, técnicos y ambientales que se han realizado acerca de esta carretera.

Además, se incurre en contradicciones cuando se afirma que “nadie se opone a que se haga la carretera Panamericana”, y luego se sentencia que “no es razón suficiente para arremeter contra un pulmón ambiental” y finalmente se desestima su construcción con el argumento de que “el departamento (Chocó) ofrece oportunidades de comunicación acorde con la naturaleza”. Por consiguiente, se va en contravía de las aspiraciones históricas de los chocoanos, que siempre han considerado las carreteras de vital importancia para su desarrollo y su inserción en las estructuras económicas del país y el mundo.

Afirmar “que quienes habitan la zona no son depredadores” (…) y que hacen “buen cuidado de la reserva ambiental” es de por sí falaz e irónico, porque en la región sí hay comunidades nativas depredadoras y son tan destructoras del medio ambiente como las empresas madereras, en virtud de que derivan su sustento de la explotación forestal.

Ahora, la parálisis de la carretera no obedece a razones técnicas ni ambientales, sino esencialmente políticas, y no es que “Panamá no comparte el interés por la carretera”; con esa afirmación se desconoce de plano la historia de la construcción de esta carretera a lo largo del continente.

Lo que muchos desconocen es que los indígenas y los afros del Darién panameño apoyan la apertura de la carretera. Inclusive, el año pasado varias comunidades indígenas darienitas construyeron una nueva trocha para comunicarse con Colombia. La oposición en Panamá obedece en parte a los falsos imaginarios que ha estructurado un selecto grupo de la élite panameña, cuyo argumento de base es que detrás de la carretera, Colombia fragua un proyecto político y económico para reconquistar a Panamá.

Sin embargo, nada se dice acerca del silencio que guarda el gobierno de Torrijos sobre la expansión de los cultivos ilícitos y la proliferación de pistas aéreas clandestinas en la provincia del Darién. Hace dos años, el diario El Panamá América denunció la existencia de 200 pistas aéreas, utilizadas por el narcotráfico, así como la tala indiscriminada de extensas zonas boscosas para la expansión de hatos ganaderos y el otorgamiento de concesiones para la explotación maderera hasta por 25 años en el Darién panameño. ¿Quienes son los dueños de esas pistas?

 José E. Mosquera. Bogotá.

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