Por: Patricia Lara Salive

Más allá del racismo

— ¿POR QUÉ SERÁ QUE NOS ODIAN TANTO?, preguntaba un actor negro con quien en Nueva York conversaba sobre los disturbios ocurridos en Baltimore a raíz de las protestas desatadas luego del funeral de Freddie Gray, un afroamericano muerto en manos de la Policía a causa de la ruptura de su columna vertebral, luego de ser capturado por un agente blanco.

La captura de Gray, quien después de ser golpeado por el policía no logró levantarse ni caminar y fue arrastrado hasta la patrulla, fue filmada por algún transeúnte y mostrada en televisión, como semanas atrás también fueron filmados y vistos tantos casos de crímenes de policías blancos contra jóvenes negros desarmados, los cuales, no obstante la evidencia, quedaron en la impunidad: uno de los más sonados fue el de Eric Gardner, un corpulento negro de 27 años, asmático y padre de seis hijos, quien en Saten Islan, New York, en julio pasado, desarmado, discutió con un policía, fue acusado de vender cigarillos en la calle de manera ilegal, y cuando forcejeaba para evitar que lo esposaran, fue asfixiado por el agente Daniel Pantaleo no obstante que, como se muestra en un video, Gardner dijo con insistencia “no puedo respirar”. El policía no fue procesado por su muerte, como tampoco lo fue el agente blanco Darren Wilson, quien un mes después, en Fergusson, Misuri, mató a tiros a Michael Brown, un negro de 18 años que, desarmado, fue baleado por robarse unos cigarillos.

Después de las protestas generadas en Ferguson y en muchos lugares del país, a raíz de esos hechos, episodios similares han seguido repitiéndose con semanas de diferencia en Saint Louis, Misuri; en Phoenix, Arizona; en San Antonio, Texas; en Brooklyn, Nueva York; en North Charleston, Carolina del Sur; y ahora en Baltimore, Maryland.

Y todo se filma; y todo se ve en las cadenas de televisión; y todo sucede mientras hay una alcaldesa negra en Baltimore, y un presidente negro en Estados Unidos, y ahora por primera vez se ratifica a una negra como procuradora general de la Nación. Incluso, todo ocurre mientras el alcalde de Nueva York, De Blasio, quien tiene un hijo negro, luego del episodio ocurrido en Brooklyn, al hallarles la razón a quienes protestaban, dijo que temía por la vida de su hijo. Entonces la Policía, en lugar de apoyar a su alcalde, en un acto público le dio la espalda.

A ese grado llega la confrontación y, sin embargo, a pesar de que se mencionan los hechos puntuales, poco se analiza el fondo del problema. Incluso el presidente Obama, a quien muchos odian por ser negro, y parece preferir evitarse ese conflicto y pasar agachado ante la violencia racial, a raíz de los disturbios de Baltimore se limitó a decir que la violencia policial contra afroamericanos plantea “preguntas preocupantes”, y llamó al país a hacer un “examen de conciencia” no solo sobre la Policía, sino también sobre las causas de la pobreza y criminalidad entre los jóvenes.

Total, ninguna declaración ni ninguna acción contundente por parte del presidente negro, a pesar de que agregó que “esto lleva sucediendo mucho tiempo(…) décadas”.

¿Pero por qué, a pesar de que los negros llegan al poder, nada cambia? Porque, como dice el actor negro, “América fue creada como una democracia de esclavos, con una supremacía de los blancos que prevalence en el sistema de justicia”.

Dicho de otra manera, es como si a muchos les pareciera que no tiene nada de malo matar negros. Hasta el punto de que en el funeral de Freddie Gray se proyectaba un mensaje luminoso que decía “las vidas negras importan, todas las vidas importan”.

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