Por: Daniel Pacheco

Más circo y menos pan

EN ELECCIONES SALE A RELUCIR LA faceta de masas de la democracia.

Sí claro, la democracia es también instituciones, separación de poderes y apego a las leyes. Pero nadie puede negar que parte importante de su esencia es la participación de masas en la elección de las personas que van a representar al “pueblo”.

Por eso es curioso que en épocas electorales se repita la misma queja (en tono de “¡hágame el favor!”) sobre la publicidad política, los eslogans y el mercadeo electoral: son superficiales, grotescos, demagógicos y condescendientes con el verdadero espíritu de la democracia. ¡La democracia convertida en circo!

Deduce uno de esta queja que el verdadero espíritu de la democracia es que el “pueblo” tome decisiones informadas sobre las propuestas de los candidatos, su tendencia ideológica, su experiencia pasada, sus capacidades, su preparación, su partido, etc. Más allá de que esta postura pueda ser correcta desde el punto de vista de “cómo deberían ser las cosas”, la realidad es que no son así. En general cuando las masas deben tomar una decisión uno tiene que enfrentarse a la realidad de que a mucha gente no le interesa demasiado la política. Y es normal, fuera de los político-junkies (entre los que me cuento), la mayoría de las personas encuentran más satisfacción en otras cosas: el fútbol, las novelas, los libros, la familia, los amigos etc.

Por eso me parece normal que cuando llega el momento cuando los candidatos deben esforzarse por atraer la atención de las multitudes recurran a estrategias de comunicación con más emoción que contenido, con más forma que fondo. Los eslogans, las fotos, la imagen, intentan arrebatar un poco de atención de los ciudadanos para persuadirlos a salir masivamente un domingo a hacer una fila y a marcar un papelito.

El resto de la intención de las campañas, suele dedicarse a enseñarle a la gente a votar correctamente. Esta causa, que le quita más espacio al “contenido” que las imágenes y los eslogans, es incluso más importante. Según las cifras de la Registraduría el número de votos nulos en las elecciones de Senado pasadas se triplicaron, al pasar de 355 mil en 2002 a 1’212.000 en 2006. ¡Hágame el favor!, eso sí es un desperdicio de democracia. Por eso los políticos imprimen cientos de miles de calendarios con el tarjetón marcado, en vez de lanzar un par de frases sobre lo que quieren hacer si llegan a ser elegidos.

Estoy de acuerdo con que el “circo” se puede mejorar. Los afiches pueden ser más bonitos, las frases más audaces, los mensajes más robustos. Pero esta es una crítica de forma a la forma. Mi preocupación de fondo es otra. ¿Qué hay de todos esos políticos de los que nadie ha oído hablar y siempre salen elegidos? No tienen afiches, no tienen mensajes, no tienen publicidad pero tienen votos. Son los políticos que ahorran en el circo para invertir en el pan.

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