Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Más coartadas

EXTRAÑA, POR DECIR LO MENOS, LA versión de Uribe, según la cual un testigo con el que se reunió en la sede de la Organización de Naciones Unidas le informó que los autores de los “falsos positivos” fueron narcotraficantes infiltrados en la Brigada Móvil 15 de Ocaña.

La nueva tesis sostiene que unos narcos interesados en hacer aparecer que los estaban persiguiendo, provocaron en 2006 y 2007 las muertes de inocentes, cuyos cadáveres luego aparecieron vestidos de guerrilleros. Para ser más exactos, Uribe se atrevió a decir que “Delincuentes mataban inocentes para aparentar que perseguían traficantes”.

Quisiera creer la novela presidencial, pero me temo que tiene sabor de “falso positivo”, porque hay muchos detalles que no calzan en la historia que hasta ahora se ha conocido.

Para empezar, hay que preguntarse lo obvio. Si los narcos ordenaron los “falsos positivos” en 2006 y 2007, como lo refiere el providencial testigo de Uribe ¿entonces quiénes son los autores de los 144 “falsos positivos” de 2008?

Afirmar ahora que los “falsos positivos” fue una audacia del narcotráfico, cuando todo se origina en la Directiva N° 029 de 2005, expedida por el entonces Ministro de Defensa, francamente ofende la lógica. ¿Será que los narcotraficantes se infiltraron tanto que lograron que dos Ministros de Defensa de este Gobierno expidieran sendas directivas, creando premios a los uniformados por la baja de cada subversivo? Personalmente no creo que el narcotráfico haya llegado tan lejos. Si las malhadadas directivas ministeriales concibieron una política siniestra de recompensas a la oficialidad, ello fue invención exclusiva de la seguridad democrática.

Si fuese verdad que los narcos infiltraron tanto a las Fuerzas Militares, al extremo de ponerlas a matar gentes buenas, sería tan grave la excusa como la falta. Eso significaría que los militares mataron a inocentes y los hicieron pasar como guerrilleros, pero además que los ejecutaron, no por el halago de los estímulos estatales, sino porque sucumbieron ante los sobornos de los carteles de la droga. En otras palabras, la excusa presidencial que pretende exonerar a este Gobierno de la responsabilidad de los “falsos positivos”, de todas maneras, hace cómplice a la Fuerza Pública de narcotráfico. Y todo eso pasa en la redentora seguridad democrática, que supuestamente nos pondría a salvo del delito.

Los muertos de los “falsos positivos” aparecieron disfrazados de insurgentes, no de narcos. ¡Tan descuidados!, mandan a matar jóvenes ingenuos para que sea crea que esos muertos son narcos, pero los asesinados son presentados como miembros de las Farc. ¿A quién le sirvió tan reforzada estrategia?

Y raro que en la ONU oigan a los testigos de crímenes atroces, pero que además los compartan con el Gobierno, el principal sospechoso, en vez de remitirlos a las autoridades para que declaren libremente y sin presiones presidenciales. ¿Fue Uribe a la ONU a una visita de Estado o a una peculiar diligencia judicial hecha a su medida? Ojalá haya otro testigo que nos cuente la verdad.

El Gobierno “chuzó” y siguió sin orden judicial a la Corte Suprema de Justicia, dizque para conjurar una supuesta infiltración del narcotráfico que jamás existió, pero ahora para exculpar los “falsos positivos” revela que los infiltrados por los capos de la droga eran sus Fuerzas Militares. Si eso no es una paradoja, sí es lo más parecido a una mentira.

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Adenda. Juan Manuel y Angelino hincados ante mi paisano el Milagroso de Buga, me han recordado la anécdota genial atribuida al poeta Julio Flórez, quien al ver en una procesión de Semana Santa al presidente Abadía Méndez y a sus ministros godos cargando la pesada estatua del señor caído, exclamó: “Oh divino salvador / yo comprendo tu agonía / al verte en la compañía / de tanto conservador”.

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