Por: Columnista invitado

Más ejercicio para los niños

La práctica diaria de los especialistas en medicina del deporte suele ser muy satisfactoria, la gran mayoría de pacientes de todas las edades acude motivada y busca con ilusión una orientación científica y médica para su deporte o actividad preferida.

Pero de vez en cuando las consultas presentan un interesante desafío. “…Doctor, estoy muy preocupada”, dice una madre ejecutiva, “mi hijo de nueve años no se puede quedar quieto, se la pasa haciendo deporte, en el recreo no se sienta, es increíble, cuando sale quiere ir a jugar fútbol, tenis y hasta montar en bici y nadar, es una locura, ya no sé qué hacer…”.

Yo también estoy muy preocupado. Pero por la madre. Es tan grave la deformación que hemos alcanzado en la educación urbana, que moverse es anormal. Muchos niños terminan en cuestionables manejos psicoterapéuticos y farmacológicos por ser “inquietos” o “hiperactivos”, por ser incómodos para el profesor y sus compañeritos domesticados por una sociedad que promueve desde la infancia el sedentarismo y la falta de actividad física en todos los escenarios de nuestra vida moderna.

Lo que la madre no recuerda es que nacimos para movernos, que el niño, como los cachorros de muchos mamíferos superiores, debe pasar muchas horas en movimiento, si quiere gozar de un buen desarrollo físico y mental, para sobrevivir en la naturaleza.

Ese pequeño ha dormido usualmente unas siete a ocho horas, más otras dos o más en el bus o medio de transporte pasivo, ha pasado largas y nocivas horas sentado en el colegio, haciendo tareas, viendo TV, frente al computador, leyendo y comiendo, y tiene unos pocos minutos para ir al baño y medio jugar en el recreo.

Algunos afortunados tienen la posibilidad de tener acceso a deportes extracurriculares o simplemente jugar en un patio, en el parque o en la calle, pero muy pronto son adoctrinados, domesticados o inactivados por adultos responsables para que “no pierdan el tiempo” cuidando su cuerpo y su mente.

Nuestros niños necesitan más oportunidades, muchas horas, para moverse, caminar, nadar, montar en bici, jugar al aire libre, interactuar con otros seres de la misma especie y no sólo con “la nube”. Yo diría que por lo menos dos horas al día, y ojalá más, son saludables y tienen grandes beneficios, pero ellos mismos encuentran la dosis adecuada si les damos libertad y apoyo. Si les ofrecemos una alimentación variada, rica en líquidos, frutas y verduras, pero sin fanatismos pseudo-científicos.

Nos falta ofrecerles entornos adecuados, seguros y una orientación técnica de alta calidad, que desarrolle sus horizontes de movimiento y no los limite a una disciplina o a las expectativas de los adultos, obesos, hipertensos, diabéticos, deprimidos y ansiosos.

Buscar columnista