Por: Mauricio Botero Caicedo

Más gládises y menos magistrados

Alemania es la economía más dinámica y sólida de la Comunidad Europea y son los teutones quienes finalmente imponen las políticas monetarias y fiscales de Europa.

 El Banco Central Europeo es una extensión del Bundesbank. Adicionalmente, Alemania, con base en continuas mejoras en productividad y no obstante la revaluación del euro, se mantiene como el mayor exportador europeo.

¿Y a qué se debe la pujanza de los teutones? En buena parte al sistema de formación profesional dual, que ofrece cursos para aprender unos 350 oficios. Los cursos suelen durar tres años y en ellos los estudiantes hacen prácticas durante tres o cuatro días a la semana en una empresa; los demás días estudian aspectos más teóricos de su oficio en centros de enseñanza pública. Aproximadamente dos tercios de los jóvenes alemanes siguen estos cursos de formación, factor que le ha permitido a Alemania mantener la tasa de paro juvenil por debajo del 8%, la más baja de Europa. Como incentivo adicional, los alumnos cobran sueldos que oscilan entre los 700 y 800 euros netos. Estas escuelas, como la BBS2 de Wolfsburgo (El País, sept. 14/13), “se esfuerzan por responder a la demanda del mercado que la rodea actualizando constantemente sus cursos a los nuevos sistemas de producción”.

“Estamos en constante diálogo con la industria y nos adaptamos a sus exigencias”, explica sin rodeos Bernd Sturm, el vicedirector. Y mientras Alemania saca centenares de miles de técnicos de altísimo nivel que contribuyen a que los teutones tengan una de las mayores productividades del mundo, aquí seguimos graduando abogados de tercera que terminan como magistrados de quinta.

Hay, sin embargo, una pequeña luz de esperanza. La revista Soho, en su edición 161, publica dos extraordinarios reportajes: En la cocina de Criterión, por Fernando Quiroz, y En la cocina de un corrientazo, por Diego Rubio. Quiroz explica que “en Criterión se paga por comer bien, y comer bien implica conseguir ingredientes que a veces hay que importar de lejanos rincones del mundo”, agregando respecto al precio de los platos: “… se paga por el hecho —y el lujo— de estar en uno de los 50 mejores restaurantes de América Latina”. En el anverso de la moneda, Rubio cuenta cómo Gladis, la dueña de Con Sazón y Sabor, maneja cada día con más profesionalismo su “corrientazo” gracias a diferentes programas gratuitos de las universidades La Gran Colombia y Antonio Nariño.

Comer “por fuera” no es una moda pasajera. Es una tendencia irreversible que, según el diario La República (nov. 4/13), factura $20 billones por año. Colombia necesita muchas más “gládises” (y menos magistrados), mujer que con base en su esfuerzo, y con la invaluable ayuda de centros de educación como la Gran Colombia y la Antonio Nariño, transformó su “corrientazo”. No podemos olvidar que posiblemente el más reputado “chef” de Colombia, Harry Sasson, es producto del Sena.

Apostilla: Algún día la historia reconocerá a Nicolás Maduro como uno de los grandes economistas universales. Su idea de crear un “nuevo orden económico” (El Tiempo, nov. 7/13), basado en que funcionarios públicos y militares fiscalicen a fondo comercios, tiendas, industrias y empresas para chequear que lleven a cabo una “correcta” formulación de precio, es simplemente genial. La fórmula de “fusiles contra la inflación” y “bolillo y culatazos contra la escasez” no tiene pierde; y no albergamos la menor duda de que en pocos días van a aparecer miles de miles de rollos de papel higiénico en las puntas de las bayonetas.

 

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