Por: Luis Carlos Reyes

Más libertad y menos orden

Cada vez que veo el lema nacional, “Libertad y orden”, recuerdo la carta que escribió Martin Luther King desde una cárcel de Alabama. Según King, el mayor obstáculo a la libertad de los negros no era el Ku Klux Klan, sino “el blanco moderado, más devoto del ‘orden’ que de la justicia, que prefiere una paz negativa —la cual consiste en la ausencia de tensión— a una paz positiva, que es la presencia de la justicia; que constantemente dice “estoy de acuerdo con tus metas, pero no puedo estar de acuerdo con tus métodos de acción directa”; que cree, paternalistamente, que puede imponerle su propio cronograma a la libertad de los demás”.

La opresión toma un cariz distinto para cada pueblo oprimido. Para los negros estadounidenses era la segregación racial; para Colombia es el desangre constante de los recursos comunes por parte de unas élites satisfechas de sí mismas, convencidas de su sabiduría tecnocrática y listas para abofetear —o asesinar, según convenga— a quienes se levantan y protestan. En todo caso, el punto de King aplica: el mejor amigo del opresor es quien en principio apoya la causa del oprimido, pero le dice que se espere; que agote todas las instancias legales; que respete la autoridad y la reglamentación, sin importar cuán absurdas y amañadas puedan llegar a ser; que agache la cabeza y sea juicioso, porque ya le llegará su hora.

Estoy cansado de leer y escuchar a quienes dicen estar de acuerdo con las manifestaciones estudiantiles, “pero”. Pero no debieron bloquear las vías; pero no debieron decirles cosas feas a los policías; pero tenían que pedir permiso antes de salir a marchar; pero son responsables por los actos de vandalismo de unos pocos, incluso los de los policías infiltrados. Otra vez en las palabras de Martin Luther King —preso por liderar una protesta sin permiso de las autoridades—, “la aceptación tibia es mucho más desconcertante que el rechazo rotundo”.

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